¡EL NIÑO DENTRO

DE NOSOTROS

VIVE!

 

SÍNTESIS DE

CIENCIA,

RELIGIÓN

Y

METAFÍSICA

 

 

 

 

POR

 

William Samuel

 

Autor de

 

A GUIDE TO AWARENESS AND TRANQUILLITY

 

 

 

 

 

Copyright © 1986 por William Samuel

 

Todos los derechos en este libro están reservados. Ninguna parte de este libro se puede usar o reproducir de ninguna manera sin permiso escrito, excepto en caso de citas breves incorporadas en artículos y revisiones críticas. Para informes diríjase a William Samuel Foundation, Inc., Box 7474, Mountain Brook, Alabama 35253, USA.

 

Primera edición

Segunda impresión 1989

 

 

Entrada principal bajo el título:

 

¡El Niño dentro de nosotros vive!

 

1. Filosofía—Ciencia                       2. Física—Metafísica.

3. Metafísica—Religión.                  4. Cosmología.

 

I. Samuel, William.

 

 

ISBN 1-877999-09-1

ISBN 0-938747-00-2—Publicado previamente por

Mountain Brook Publications, 1986

 

Traducción al castellano por

Pablo Barreto, MD

AA 8025

Cali, Colombia, SA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Se dedica este libro
al libre de cuidado, gozoso, y triunfante Niño
dentro de cada uno de nosotros.

 

 

 

 

 

 

 

AGRADECIMIENTOS

 

Este libro no podría haber sido escrito sin la ayuda y la paciencia de muchas personas amorosas. Durante los últimos veinte años he vivido las ideas que se escriben aquí, con muy pocos medios tangibles de apoyo; de otra manera no podría saber como un hecho que quien piensa subjetivamente puede sobrevivir en el mundo objetivo al pedir pago por nada y dar a los demás todo lo que recibe.

 

En particular, agradezco a aquellos que reconocieron las necesidades físicas que Rachel y yo teníamos para llevar un libro como este a una expresión tangible—y nos dieron una máquina de escribir, copiadora, sobres, estampillas, alimentos, amor y palabras de soporte y de aliento, aunque sabían que no somos parte de las organizaciones del mundo y que no recibimos nada de ellas fuera de las duras lecciones que enseñan.

 

También debería agradecer a “los principados y las potestades” que trabajaron con tanto vigor a fin de obstaculizar la publicación de este volumen. Sin su oposición, no habría procurado tan diligentemente demostrar su impotencia para impedir el redescubrimiento de la Verdad.

 

Mi gentil esposa, Rachel, ha trabajado muy duro conmigo en este libro. Tan útil como su asistencia intelectual, ha sido la maravillosa atmósfera de calma que la rodea—así como su constante confianza en que un día iba a escribir estas palabras. Rachel me sostuvo durante aquellos tiempos en los que pensaba que no podría escribir otra frase—y ni siquiera me atrevía a intentarlo.

 

Al lado de Rachel están David Manners y John Barone, Laurel Carriel y Dorothy Finch, Bruce Dubin y Jo Ann Stewart, William Jillson, Susanne Shreeve, Terry Albee, Michele Finck, Michael Weintraub, Jan Schultz, Alice y Lou Winokur y muchos otros.

 

Gratitud especial tengo para Janice Winokur, mi principal editora, sin cuya paciencia, talento, inspiración y repetidos viajes a Woodsong desde su puesto de enseñanza, estas palabras no se habrían podido escribir con tanta claridad.

 

Para finalizar, agradezco a Dios por los destellos y el amor que nos permiten a todos nosotros participar juntos en esta continua aventura.

 

 

 

 

 

CONTENIDO

 

Introducción

Visión de conjunto

Libro Uno

  

I. BÚSQUEDA DE LA VERDAD POR LA HUMANIDAD                    

Da Shan, La Montaña Mítica de Búsqueda y Encuentro

 

II. DESARROLLO DE LA COSMOLOGÍA                                   

Da Shan y el Velo

 

III. COMPRENSIÓN DE LA EXPERIENCIA HUMANA      

El Dualismo Trascendente

 

IV. NUESTRA IDENTIDAD REAL                                           

La Guía del Niño

 

V. NUESTRA IDENTIDAD REAL MÁS ALLÁ DE LA TEORÍA

Reconocer y Percibir El Niño Dentro

 

VI. LA LUZ DE LA VERDAD IRRUMPE A TRAVÉS

Destellos y Brillos

 

VII. EL NIÑO VIVIÓ EN EL MUNDO      

Interfaz y Atención del Diario

 

VIII. AUMENTO EN EL FLUJO DE LA LUZ

Compartir los Destellos y los Brillos

 

IX. EQUILIBRIO ENTRE ACCIÓN Y NO ACCIÓN

Vivir Subjetivamente en un Mundo Objetivo

 

X. EL SECRETO DEL SUMINISTRO

Dar y Recibir. Dos que Son Uno

 

XI. SENCILLEZ PROFUNDA 

El Niño y la Ecuación del Niño

 

XII. ILUMINACIÓN

“Línea sobre línea, mandato sobre mandato”

 

Libro Dos 
Artículos relacionados

Conclusión del Libro 

Epílogo

Postescrito   

Palabra del Publicista 

 

 

 

INTRODUCCIÓN

 

 

EL HOMBRE QUANTUM, EL PROYECTIL GUIADO

 

Algo enorme va a suceder pronto en el mundo; no hay persona sensible que no perciba esto profundamente. En todos los campos—ciencia, religión, filosofía, gobierno, negocios, o cualquier otro—crece una extraña sensación de inquietud, un sentimiento avasallador de Algo Inminente. A medida que miramos alrededor de nosotros podemos ver que el mundo está fuera de curso. Muchos que creen tener cierto raciocinio señalan las drogas, la superpoblación, la contaminación, la sobrecarga de información, la corrupción del gobierno y cualquier número de otras raíces posibles. Pero lo que está por ocurrir ahora tiene una causa más significativa y todavía no soñada.  El reconocimiento de esta dimensión más amplia y honda, ¡viene con una solución para los problemas del mundo! Este libro se refiere a eso.

 

Si pensamos de la humanidad en términos cuánticos—como un simple organismo—podríamos ilustrar la civilización como un proyectil que se mueve a través del tiempo y del espacio. Este proyectil ha estado en camino durante muchos miles de años, dirigido por una trayectoria exclusiva hacia la humanidad. Su mecanismo de dirección interior se encendió cuando las grandes religiones y filosofías llegaron para dar rumbo e itinerario humanos a los hombres. Para la sociedad en Occidente el sistema central del proyectil se activó en el momento de la declaración del judaísmo de un Dios, y esa declaración, junto con afirmaciones semejantes de otras culturas, ha sido la directriz primaria para la sociedad hasta hoy.

 

Cuando surgió el cristianismo y se separó del judaísmo popular de la época, el proyectil recibió un impulso que alteró su curso, tal como a los satélites se les hacen correcciones en vuelo a medida que se mueven para cumplir sus tareas en el universo. Con cada descubrimiento o desarrollo en la historia, para el Oriente o el Occidente tanto en lo interno como en lo externo han venido nuevos ajustes en el sentido y direcciones de la civilización. Ninguno de los desarrollos en esta larga línea de progreso ha sido accidental o “malo,” pese a la tendencia humana a juzgarlos así. Todo cuanto ha ocurrido nos ha estado dirigiendo sin cesar hasta este momento actual y a los sucesos que dentro de muy poco deben comenzar.

 

Ahora bien, imagínense el proyectil de la civilización colectiva que se acerca a su meta, listo para recibir su redirección definitiva para la siguiente y quizá la última fase del viaje—no como los “proyectiles inteligentes” que perciben el blanco adelante y dirigen el mecanismo interno para ir directo a su destino. Para la humanidad el destino es un redescubrimiento del

subjetivismo simple, una marca nueva en el no-espacio y en el no-tiempo, un cumplimiento del Propósito Original para la vida tangible sobre la tierra.

 

Hasta donde vaya la relación entre tiempo y espacio y sus interconexiones con la vida tangible, la información correctiva sobre el fin del juego se recibe en la actualidad dentro del cuerpo cuántico de la civilización. Se pretende que esta información ajuste y corrija los sistemas principales de la sociedad para su movimiento final a medida que la humanidad llega a discernir la verdadera naturaleza de las cosas—particularmente tiempo, espacio, materia, y conciencia (vida). En muchos caminos, es decir, en muchos aspectos la ciencia, la vanguardia de la sabiduría humana, ya casi ha alcanzado esa comprensión.

 

¿Qué nos hace sentir a ustedes y a mí este correctivo final aquí en el viejo universo, escenario de las cosas? Llega como un reloj nuevo que se enciende dentro de nosotros, como una sensibilidad nueva; algo como una intuición creciente; como una percepción nueva en nuestro interior; como ciertas ansiedades poco familiares, inquietudes, estrés e incomodidad; como depresión y temores inexplicables. Cualquiera puede mirar a la escena humana y ver las tapas que saltan aquí y allá con actos locos de gentes que tratan de satisfacer urgencias imposibles. ¿Quién puede decir lo que sienten los gansos del Norte antes de juntarse para hacer su viaje migratorio al Sur? ¿O las mariposas antes de comenzar su largo viaje con los vientos superiores en búsqueda de su lugar de nacimiento ancestral? Sé que el dramático impulso que altera el curso llega en la actualidad dentro de los seres humanos; quienes son sensitivos lo perciben de manera especial. Esta llegada no es parecida a la forma en que la capacidad de ver los colores se ha desarrollado en la humanidad en los milenios más recientes. Se nos dice que este sentido es uno de los últimos progresos del cerebro humano—pero lo que en instante actual sucede se encuentra en un nivel mucho más profundo en la mente. ¿Qué es? La venida de la naturaleza verdaderamente subjetiva en la mentalidad—la capacidad cuántica del hombre para un autoexamen introspectivo siempre mucho más grande.

 

En este momento, la civilización es un poco como un campo de algodón que comienza a florecer, primero un capullo aquí, otro allí, luego más y más, hasta cuando una mañana miramos al exterior y todo el campo está florecido. O es como el reventar del maíz para hacer crispetas. Un grano se abre, luego otro y otro hasta cuando hay una verdadera explosión de todos los demás granos. Bajo una dura presión, sacudidos juntos y todos en carrera, los seres humanos llegan a un conocimiento consciente de un sentido subjetivo de las cosas que tiene la certeza de alterar el curso de la civilización. Las primeras “flores” han sido los profetas, los videntes, los avatares (cambios o transformaciones), los que tienen el don de discernir, los que tienen ojos para ver y oídos para oir. Ahora el campo ya se vuelve blanco con la capacidad para percibir subjetivamente. La confusión abunda en la novedad irreconocida de todo eso. Y ahora que el subjetivismo está aquí, nadie sabe qué hacer con él. Las mayores divisiones de la actividad humana no han hecho los ajustes necesarios para permitir al proyectil la libertad de cambiar su curso. Ni la educación, ni el gobierno, ni la religión, ni la metafísica han dado la vuelta completa que se les exige—y el tiempo se acorta. En ciertas áreas la ciencia con la ayuda de la mecánica cuántica subjetiva se ajusta razonablemente bien mientras sigue adelante en la búsqueda de las vistas de lo tangible, pero queda por ver lo que los científicos harán con su información una vez que venga a ser claro que son ahora, y como siempre lo han sido, una conciencia examinadora.

 

Las personas individualmente quieren ajustarse, a medida que sus intuiciones y sentimientos entran en foco, pero los grupos de control a los que pertenecen, con todo vigor se aferran a los métodos antiguos y se niegan a oir los Sonidos Nuevos del interior. O las instituciones de la humanidad se ajustan para permitir a los hombres cambiar el curso mental o habrá una angustia sociológica sin paralelo en la historia humana

 

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Perteneciente a esta capacidad subjetiva dentro de mí, he venido a percibir cosas especiales acerca del tiempo, el espacio y la materia que parecen ser generalmente desconocidas; sin embargo, es esencial que Todo-hombre comience a entenderlas. Como muchas de las cosas que se me han mostrado en el pasado, sé que la humanidad y su ciencia muy pronto las encontrará.

 

LA MONTAÑA

 

Dejé el borde del bosque y miré a la montaña. Nadie me había preparado para esa vista. Nadie había dicho que existía tal montaña. Quedé allí traspasado, mientras mi corazón decía: “¡Hola! ¡Esta es una montaña para escalar!” Excepto por aquel momento, no hubo espera. Sin nada más que un lápiz roto, medio bloque de papel y mis ropas en la espalda, arranqué hacia la cima. No me acredito esta escalada porque cualquiera que hubiera visto lo que vi, habría comenzado a trepar también—y de inmediato, exactamente como lo hice. Pero estos años han pasado, la misma montaña se levanta en el borde del mismo bosque y hay pocos que hayan hecho el recorrido hasta la cima. Si supiesen la vista que hay desde el pico más alto de esa montaña, no habrían esperado hasta encontrarla o hasta emprender el ascenso.

 

EL RÍO

 

Encontré el río como encontré la montaña, inesperadamente. Nadie me habló acerca del río; y no estaba en el mapa. Era un río extraño y hermoso, como para explorar. Excepto por el tiempo requerido para hacer una balsa, no hubo espera para emprender la travesía y seguir el río dondequiera que fuese. Al empujarme y apartarme de la orilla, comencé un largo viaje hacia Algún-sitio. Fue una coincidencia, quizá, comenzar el viaje ese día sin otras provisiones que las ropas en la espalda, un simple lápiz y medio bloque de papel. Estoy seguro que muchos han hecho el mismo viaje, pero hasta este día, he encontrado pocos que siquiera hubieran conocido el río.

 

EL CAMPO DE ALGODÓN

 

Rachel y yo encontramos el campo especial un día cuando dimos una vuelta equivocada en el río. Salimos al terreno de un campo de algodón recién arado y vimos una piedra blanca que resplandecía a la luz. Recuerdo el grito de gozo cuando nos dimos cuenta que la piedra que brillaba a la luz del sol era la punta de un antiguo proyectil. Hace diez mil años antes, a medida que el tiempo sigue su trayectoria, donde estábamos ahora alguien estuvo de pie mientras sostenía una lanza larga en cuya punta había una piedra de cuarzo blanco. Y luego de diez mil años, sosteníamos en la mano la piedra—y no hubo otras manos que interviniesen—ni más años

 

LOS CINCO ÁRBOLES

 

He ido de regreso al campo de algodón muchas veces en el curso de los últimos doce años y he llevado a otros allí. Hay cinco enormes robles gemelos que rodean el campo. Esos árboles han venido a ser mis amigos y he aprendido sus secretos.

 

La subida a la montaña, el tiempo en el río y las experiencias en el campo de algodón son el tema de este libro. Es una historia difícil de contar porque todos esos hechos, aunque separados en la línea del tiempo, ocurren simultáneamente en el no-tiempo para todos nosotros. Cada suceso tiene su propia historia y he escrito un libro acerca de cada uno—pero ahora, en una manera simple y maravillosa, las historias se han convertido en una Historia, intrincadamente entretejida con el mundo tangible y sus individuos, sus poetas y soñadores, sus científicos y sofisticados, sus buscadores sencillos y sabios y todas sus cosas gentiles—aves y gatitos, niños y ancianos.

 

Además, cada una de estas historias ya está tejida en la experiencia de la persona que lea este libro, quienquiera que él o ella puedan ser. No todos los que leen estas palabras entenderán todo lo que ellas han de decir, pero los que entiendan así sea una parte mínima de ellas jamás serán los mismos de nuevo. Verán desde el punto más alto de mi gran montaña; fluirán con mi río; y encontrarán una piedra blanca en un campo blanco que está listo para la cosecha. Y pronto a aquel campo se le cosechará.


 

 

 

VISIÓN DE CONJUNTO

 

 

LOS LÍMITES DE LA LUZ FÍSICA Y LA CIENCIA

 

La ciencia casi ha alcanzado los límites de lo tangible en ambos extremos de la escala, primero y último, enorme y diminuto. En la actualidad nuestros instrumentos físicos escudriñan los propios bordes del universo tangible de la luz y dentro de los límites del aparente principio de las partículas en el tiempo y en el espacio—a un billonésimo de un billonésimo de segundo, según dicen. Estas dos vistas son una Vista. Las vistas humanas cederán pronto el camino a la Realidad de las cosas. El gobierno de la Divinidad—no el gobierno del hombre y su religión—llegará palpablemente aquí en la medida finita del hombre porque ya Él está aquí en una Verdad simple y atemporal, aunque no completamente vista, y todavía no reconocida o confirmada. Como las Luces del mundo lo han dicho, ya está escrito el Pacto Nuevo en el corazón de los hombres. VA A HABER un paso adelante y un escape hacia la sencillez y la semejanza con los niños. Más allá de eso, hay algo para que el Niño de nosotros haga en este mundo. También este libro es acerca de eso.

 

LA EXPERIENCIA MÍSTICA

 

La experiencia de la “iluminación” es un suceso verdadero y fidedigno que nos espera a casi todos nosotros. Este muy alabado y nebuloso acontecimiento, entre otras cosas, es la naturaleza subjetiva de la conciencia que irrumpe a través de nuestros patrones de pensamiento ordinariamente objetivos. Estas experiencias “solipsísticas” consisten en los momentos en los que captamos y tenemos un destello consciente de nuestra propia naturaleza subjetiva (o de Dios) en la medida en que se relaciona con el mundo. La mayoría de nosotros deseamos que esta ocurrencia tenga lugar de modo enérgico y poderoso—y la anhelamos mucho antes de reconocerla o entenderla.

 

Se ha escrito tanto acerca de la iluminación que ningún ser pensante se atreve a cuestionar aún su existencia, aunque puede haberla buscado sin éxito, y muchos más haber vagado en angustia, confusión y en paralización metafísica al tratar de hacer que un concepto preconcebido suceda para ellos. Muchos más se han desviado por los cuentos sofisticados de aquellos en los lugares altos a quienes les gustaría hacernos creer que saben de lo que hablan. La experiencia de la gnosis no es rara—pero con frecuencia es malentendida o ignorada por el cristianismo y el judaísmo organizados y dogmáticos. En la metafísica del Occidente se ignora, se habla de ella en círculos silenciosos y frecuentemente se la distorsiona. La iluminación se comprende mejor en el Oriente pero aquí también abundan los malentendidos. Este tranquilo y callado suceso en verdad acontece a menudo de modos irreconocibles con una frecuencia mucho mayor de lo que se la entiende. La luz es nuestra primogenitura. Esa experiencia me ha enseñado que mi Experiencia es la experiencia de todos; que lo que es cierto para mí es verdad para el resto de mi ego—incluyendo a quienes leen estas palabras.

 

EL MOVER A LA SENCILLEZ Y A LA SEMEJANZA INFANTIL

 

Después de media vida empecé a entender que todo adelanto y todo avance se acompañan de un mover personal hacia la sencillez y la semejanza infantil. Una y otra vez, cuando mis asuntos se hacían complejos, llegaba un destello de Luz  que reducía las frustraciones previas a simplicidades nuevas y que revelaba una unidad subyacente. En alguna parte, a lo largo de la línea de nuestro desarrollo interior, la sencillez y la semejanza infantil se vuelven primarias. La ciencia ha percibido este mover hacia la sencillez, pero ni ciencia, ni religión, ni metafísica ha visto la ecuación entre la sencillez y la semejanza infantil—el Niño intacto dentro de nosotros. El reconocimiento de esto será parte de la explosión que viene pronto.

 

De un modo misterioso y fascinante, una Sobre-verdad se encarga de nuestros asuntos. Pero sólo hasta cuando me convencí de esto, las obras interiores de ciencia, religión, mente y metafísica estaban desconectadas y confusas. A medida que llegaba cada destello de Luz, la complejidad se entendía y se veía más allá, y vino a verse una sencillez nueva; entonces el proceso comenzó de nuevo y todavía llegó otra simplicidad para explicarse dentro de otra vista más básica y fundamental que la última.

 

A estas penetraciones simplificadoras las llamo “Destellos,” y de ellos tendremos mucho que decir más adelante en este libro. Tienen una importancia extraordinaria. Con certeza, para todos nosotros el estudio de la verdad viene a ser un nudo de intelectualismo hasta cuando Algo irrumpe para ayudar.

 

LA CIENCIA CONFIRMA ESTE PROCESO

 

Las ciencias nuevas que hasta cierto punto comprenden la metafísica, hacen avances a una sencillez comprensiva. Cada avance origina preguntas que proliferan en áreas de confusión, y entonces viene otro Destello y un giro repentino hacia una unidad subyacente, más fundamental.

 

Cuando se conocen las respuestas finales en este mundo, la Sencillez Divina del Único Original (la Divinidad) será “todo está allí,” y el intelectualismo humano no sólo habrá alcanzado su límite, sino que también habrá recorrido su curso. El conocimiento intuitivo de una Sencillez original y primaria detrás de todo ilumina ciertamente tanto la búsqueda del científico como la del metafísico.

 

Ahora, a medida que se inicia el siglo XXI, es posible ver que la búsqueda del hombre casi ya toca los límites de la medida humana, pero ay, nuestro corazón, nuestra alma, permanecen donde estaban, precisamente más allá del alcance del intelecto. Ni la religión ni la metafísica han logrado llevar a cabo lo que habían prometido. ¿El corazón y el alma? Sí. Lo verdadero y real de nosotros, nuestra verdad cristiforme, el Niño de nosotros, la última y definitiva Identidad parece tan lejos de nuestra obtención como siempre. Claramente, la plenitud de la Divinidad sigue y permanece más allá de los linderos del intelectualismo y sus organizaciones, pero la sabiduría acerca de Dios que se puede entender yace enraizada en un conocimiento de la Identidad, el Yo hecho a la imagen de Dios. Ciertamente, la Identidad incluye el corazón y el alma.

 

LÍMITES ANTIGUOS E IDENTIDAD

 

Hace muchos años, al creer que había dejado para siempre los salones santos y sagrados de la teología a fin de explorar las torres más elevadas de la metafísica, escribí un trabajo muy largo sobre la Identidad. Era un artículo de más de cien páginas, con discusiones teológicas y metafísicas que pocos, si acaso alguno, incluyéndome a mí mismo, entendía por completo. Luego, años más tarde, hace diecinueve años, después de muchos Destellos de la luz nueva, muchos Nudos Gordianos desatados, vueltos a atar, y de nuevo sueltos, escribí sobre mis “descubrimientos” más absolutos y los puntos de vista subjetivos que permitían. Aquel libro sólo tuvo un capítulo sobre la Identidad.

 

Hoy, después de encontrar que uno no deja los límites antiguos sino que lleva su sabiduría consigo para continuamente volver a contemplar una sola Escena desde las perspectivas siempre más altas. Escribo una vez más sobre la Identidad—lo que es, dónde está, lo que hace, cómo la encontré y lo que aprendí a hacer con ella cuando verdaderamente la hallé.

 

Ahora hablo de Identidad con una sola palabra—Niño. Lo que hice para encontrar mi Yo se puede escribir en una ecuación sencilla, antigua/nueva. En tanto que no es cierto cómo muchos alcanzarán la palabra o entiendan la ecuación, es importante que estas cosas se escriban clara y sencillamente, para que así sean significativas a todos aquellos que están EN LA BÚSQUEDA.

 

EL HOMBRE CUÁNTICO HOY Y EL RÍO DE LA VIDA

 

La civilización actual y sus organizaciones (religiosas, filosóficas, educativas, científicas, financieras) son como la gran curva en el río de la vida, justo antes de las aguas poco profundas—precisamente antes de la insospechada turbulencia del subjetivismo cuando la vida ruge a través de pasajes angostos. La educación histórica—la educación religiosa en particular—ha puesto poca atención a sus profetas. Ha estimado el subjetivismo demasiado inestable y difícil de enseñar. Nuestra tentación es fijarnos a los viejos senderos donde se hacen pocas exigencias y lo familiar nos pacifica. Pero el Río de la Vida se mueve sin cesar en su desarrollo, en información creciente, y el Río de la Vida incluye los rápidos del subjetivismo metafísico ya sea que la iglesia y la ciencia quieran examinarlo y hablar de él o no. Tan contentos como podríamos estar en nuestros puntos de vista religiosos—o en evitar los temas espirituales juntos como tantos lo hacen—el fin del tiempo quieto aparece para todos. Nos acercamos a una Vista Nueva de las cosas. El mundo ya está atrapado en el flujo veloz de la información cuántica que lleva al conocimiento nuevo y a vistas extrañas y sorprendentes.

 

Para las perspectivas nuevas que se nos vienen encima, ni los estudios religiosos objetivos ni los estudios subjetivos metafísicos, como se nos presentan hoy, serán adecuados. El tumulto que ya enfrentamos insiste en que el género humano, si va a sobrevivir, comience a pensar en una forma nueva. La humanidad, con el liderazgo de sus ciencias físicas, está próxima a confirmar la naturaleza insustancial tanto de la materia como del tiempo.

 

CIENTÍFICOS Y METAFÍSICOS ORGULLOSOS

 

Incluso más allá de la turbulencia del subjetivismo, hay sitios de adherencia donde los científicos de la física y los metafísicos matan el tiempo a lo largo de las orillas, en las pocas profundidades de la arrogancia y la auto-superioridad. En este mundo de apariencias, los metafísicos decaen y sufren no menos que cualquier otro y, al final, encuentran que sus marcas de subjetivismo suplen de modo inadecuado sus necesidades propias, y mucho menos las necesidades del mundo. Capturados en el vacío estéril de lo “absoluto,” el subjetivista que sufre enfrenta una horrorosa angustia y se pregunta por qué su metafísica no obra como lo hizo al principio, por qué su organización languidece y por qué no hay más respuestas ahora que hace cien años. Este libro se destina al metafísico, al físico y al astrónomo que quieren más Luz—y las respuestas a esos interrogantes.

 

Una vez escribí acerca de la locura química que aplastaría al mundo—y lo hizo. Ahora hablo de una nueva demencia que en el nombre de la pseudo-metafísica pretende sacudir el mundo, y en la que muchos miembros de la humanidad encontrarán su fe en todo lo aplastado, incapaces de hallar la bondad de Dios en nada, en ninguna parte, fuera de sí mismos. Por completo inconscientes de eso, los baluartes del subjetivismo legítimo enfrentan desde cada cuartel un ataque por una “religión” insegura y amenazada, en el NOMBRE de una religión que tampoco obra. Los únicos que no serán conquistados en la contienda que ya comenzó, tanto objetivistas como subjetivistas, serán aquellos que hayan avanzado en sus estudios para ENCONTRAR la Luz del Niño dentro de sí mismos y seguir su liderazgo más que el del mundo.

 

EL ÁRBOL DE LA VIDA ESTÁ PRÓXIMO A FLORECER

 

En los días que vienen, cuando el florecimiento empieza, quienes corran con el Niño serán parte de la flor y de la semilla.

 

A medida que pasa el tiempo, la ciencia física pronto entenderá que tiempo y espacio están razonablemente cerca. En un sentido muy literal, nos aproximamos al fin de la ignorancia humana. Si los profetas tienen razón—y han sido notoriamente correctos hasta la fecha—nuestro alcance a los límites de la luz, del entendimiento humano, corresponde a un período de tumulto en cosas tanto personales como del mundo. Por tanto, sólo tenemos que queda un tiempo corto para volvernos de nuestras perspectivas autolimitadas y liberarnos del viejo sentido de ignorancia con sus cultivadas y nutridas nociones, y despertar a la Identidad del Niño y su primogenitura.

 

Pero tampoco ese es el fin de las cosas. La humanidad está pronta para hacer una irrupción espiritual y metafísica hacia un día nuevo, hacia un espacio y tiempo nuevos. Quienes encuentren al Niño dentro y oigan y escuchen su pacto, van a HACER lo que han pretendido hacer desde el principio de la historia lineal. ¡Se debe agregar otra “dimensión”! Este libro trata de ese tema.

 

El lector juega un papel en esos sucesos. Este texto no habría llegado a sus manos a menos que usted vaya a tomar parte en la historia que pronto va a revelarse y florecer.

 

CÓMO LEER ESTE LIBRO

 

Querido Lector:

 

La Verdad, comoquiera que se exprese—ya sea en la física del mundo o en la jerga de la mística—contiene capa sobre capa de significados que se dirigen a toda condición humana y a todo estado de comprensión. Cuando se considera el Salmo Veintitrés de David, las palabras “…nada me faltará” (Sal 23.1b RV, y BDLA), significan algo para el niño que confía, para el corazón temeroso del soldado, para el amor en angustia, para el hombre de negocios con preocupaciones, para el inválido, para la madre y para el padre. Es un reconocimiento significativo para el viejo corazón de quien haya sentido el peso del mundo o de cualquiera otra condición humana que uno pueda imaginarse. ¿No es cierto? Si esas tres palabras pueden expresar tanto a muchos, ¿es acaso de sorprender que algunos de esos sentidos nos puedan eludir por el momento?

 

Apreciado Lector: No luche con el libro. Léalo con suavidad y gentileza. Si algo parece vago, no se confunda sobre ese punto, sino siga la lectura. Las cosas que no son claras de inmediato, se aclararán más tarde y cuando tenga la oportunidad de volver a leer pequeñas secciones, se encantará al encontrar que el libro ha venido a ser nuevo otra vez. La repetición no es de necesidad una repetición. Con cada Destello el libro entero es nuevo—y así lo es nuestro mundo—porque todavía se debe escudriñar y explorar con la luz que se acaba de descubrir. Hay mucho más para leer sobre cada tema en la sección de ARTÍCULOS RELACIONADOS casi al final del libro.

 

Un viejo dicho sostiene que nada se ha leído una vez sino hasta cuando se haya vuelto a leer doce veces. Lea estas palabras. Hágalas de su propiedad. “Cómalas, mastíquelas y digiéralas,” como decían los ancianos en la antigüedad. Pero con toda la lectura y el pensamiento, adquiera comprensión. El intelecto no puede alcanzar más que sus límites de razón y de lógica. El Nuevo Pacto de que habla este libro ya se aloja profundamente dentro de usted mismo. El corazón lo llevará a usted allí. Le aseguro que este libro es un heraldo, un preludio de Algo Maravilloso.


 

 

 

 

 

NOTA ESPECIAL

 

Uno de los más grandes regalos que podría hacer al lector consiste en presentarle dos pequeños libros: El Evangelio Según Tomás y el Tao Te Ching escrito por Lao Tse. Quizá ya le sean familiares; si no es así, gozará de ellos poderosamente.

 

Los “Dichos de Jesús,” según Tomás entraron en mis estudios hacia 1958 cuando se publicaron en inglés. Llegaron como un coro de Aleluya con campanas dentro de mí, al confirmar mi penetración e intuiciones propias tal como el Tao Te Ching lo había hecho antes. Ahora, después de estos años, la autenticidad y antigüedad de “Tomás” es un hecho comprobado y establecido por los eruditos de todo el mundo, y no soy el único en deducir que Tomás y Lao Tse hacen esencialmente la misma afirmación subjetiva que se dirige hacia el Niño inocente y sin culpa dentro de todos nosotros.

 

Estos dos libros requieren una lectura desde un punto de vista “subjetivo” donde hacen una metafísica consistente. Ninguno de esos libros se puede comprender con el juego de mente occidental que “ve” las cosas como objetos separados “allí afuera” en el mundo.

 

Si el lector acaso encuentra citas de Jesús que no le sean familiares, a medida que lee este libro, las puede hallar en El Evangelio Según Tomás.

 

Bien puede anotarse que en la historia, Lao Tse precedió a Jesús por casi cinco siglos. El erudito puede seguir la Idea Gnóstica desde el Oriente al Occidente y a su nacimiento como una doctrina de Amor en el primer siglo AD—sólo para no tener sino trazas de su subjetivismo original que se quita de la vista del mundo dentro de los primeros 500 años del curso de su historia. Interesantemente, tanto Lao Tse como Jesús dijeron que esto sucedería—así como los profetas antes de ellos. Sin embargo, ambos dicen, en términos casi idénticos, que en los días finales de la línea del tiempo: “No hay nada que esté oculto que no sea revelado y nada hay encubierto que permanezca así, pues será descubierto.”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LIBRO UNO

 

 

 

 

 

CAPÍTULO UNO

 

LA HUMANIDAD EN BÚSQUEDA DE LA VERDAD

Da Shan, La Montaña Mítica de Búsqueda y Encuentro

 

 

LA CONNOTACIÓN DEL SOLDADO DE INFANTERÍA (OVERTONE = CUALIDAD, SUGERENCIA, SIGNIFICADO)

 

En el libro A Guide to Awareness and Tranquillity, escribí brevemente del tiempo que estuve en la guerra y sobre una de las grandes lecciones que acerca del juicio me suministró. En el curso de los años muchas personas han dicho cuánto significó para ellas ese relato, quizá más que todas las otras historias que he escrito. Para el pensamiento occidental hay cierta incongruencia acerca de un viejo soldado que sea uno de aquellos a quienes se les ha revelado una medida de la Luz. Puedo entender eso.

 

Durante esos días ocurrieron muchos sucesos singulares de los que nunca he escrito. Fui, después de todo, un capitán de infantería en dos largas guerras. Viví en el campo con tropas de la infantería china por casi tres años—subsistiendo y casi muriendo de hambre con ellos. Los pocos soldados norteamericanos en China recibíamos muy poco apoyo de los Estados Unidos en la Guerra Mundial II. Estábamos en el fin del mundo, en la más larga de las líneas de suministros, y cualesquiera cosas que nos llegaran del hogar habían volado sobre territorios de países ocupados por Japón, y sobre las grandes cordilleras de los montes Himalayas hasta llegar a Kunming para ser remitidas en camiones o en animales de carga dondequiera que pudiéramos estar. No viví muy bien durante aquellos tiempos. En mi último año en China, a medida que la gran guerra llegaba a su fin, me uní a las tropas chinas que combatían activamente contra los japoneses y peleamos en las batallas que recapturaron Ishan, Liuchow y Kwelin.

 

En Corea, menos de diez años después, fui comandante de la Compañía King, Regimiento de Infantería 279, División 45, durante los meses finales de aquella guerra horrible. También comandé la Compañía de Morteros Pesados del Regimiento de Infantería 279. Las cosas para mí fueron mucho más difíciles en los combates de Corea que en la larga y extraña guerra de China. En Corea el tener más años de edad no me ayudó, ni tampoco tenía al viejo y sabio Mr Shieh en el gran Castillo de Sacos de Arena que hicimos en Corea o en el Nido de Buitres del Paralelo 38.

 

Es interesante que nunca haya escrito sobre esos días aunque he dicho de los sucesos de aprendizaje a los buscadores que han venido de visita aquí en Alabama. Especialmente me gocé al relatar esos cuentos a los absolutistas metafísicos o a los jóvenes celotes idealistas que, al llegar, esperaban oir de un maestro piadoso y devoto sólo palabras gentiles y de paz. Como las historias de contiendas, guerras y sufrimientos, son lo último que esas personas pensaban escuchar de un “metafísico,” eso era con frecuencia lo que obtenían. Muéstrenme una revelación y les enseñaré un hecho traumático de donde surgió la Luz. Denme una visión verdadera de los cielos y les mostraré un descenso en las angustias del infierno donde esa visión se ensayó, se probó y se la encontró fiel. “Pruébenme ahora en esto, dijo el Señor…” y Pablo hizo eco: “Examínenlo todo…”

 

Y ahora, al haber escrito casi todo lo necesario para el libro final, me siento en otro Día Conmemorativo a fin de recordar a mis soldados que pelearon bajo mis órdenes en muchas batallas. Permítanme escribir un Destello o dos de aquellos días.

 

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Primero, regresemos a China. A Mr Shieh, a mí y a otros cinco estadounidenses compañeros de equipo, nos perseguía una patrulla de combate japonesa. Retrocedíamos y procurábamos reunirnos a la retaguardia de nuestro pequeño pelotón, mientras tratábamos de regresar a la seguridad de las líneas amigas. Estuvimos a punto de ser capturados. En aquellos días, ni japoneses ni chinos “daban cuartel.” Es decir, no se tomaban prisioneros. Sabía que si me apresaban los perseguidores japoneses, eso significaba muerte segura. Por otro lado, Mr Shieh podía exitosamente hacerse pasar por un campesino chino.

 

¡Ah, no puedo escribir esa historia! En este instante es suficiente recordar a Mr Shieh que veía y señalaba la preciosidad de un momento de frescura, belleza y vigor en la floración púrpura de una distante montaña a la que aún teníamos que trepar. Me asombré ante ese hombre que pudo ver la hermosura bajo tales circunstancias de opresión y estrés. Todavía me maravillo más porque me ayudó cómo aprender a lograr lo mismo.

 

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En la guerra de Corea una descarga de artillería cayó entre mis hombres, en el flanco izquierdo. Varios cuerpos volaron alrededor y corrí a fin de ver la extensión del daño y para verificar si el líder del pelotón aún estaba vivo. Lo que pude observar me revolvió el estómago, y me tuve que sentar entre tres de los cadáveres diseminados a lo largo de la colina. De pronto, fui consciente de una “Presencia” visual que revoloteaba al lado de ellos. Era una luz de color blanco-azul borroso. Era una clase distinta de luz, primaria, persuasiva y poderosa. No podría explicar lo que vi en ese momento, ni tampoco lo puedo aclarar ahora, pero con la vista, y debido a la vista, estaba absolutamente convencido dentro de mí que se me mostraba la evidencia, la prueba, de la mortalidad de la Vida—la supervivencia del Niño, el Alma de los seres humanos. Percibí y tuve un maravilloso sentido de alivio, casi de reconocimiento y gratitud, con respecto de esos hombres y de todo lo que sucedió ese día.

 

En el curso de pocos minutos después de ese incidente, tanto mi regimiento como parte de mi línea, en particular, sufrió una enorme ola de fuego de artillería y de tropas chinas que nos embestían. El infierno hizo erupción de una manera tal que nadie puede describirlo o ilustrarlo suficientemente bien para otro. Es indispensable, tan sólo, experimentar algo como eso para entenderlo por completo.

 

Pero, para el Destello que sigue, me gustaría escribir aquí si puedo. En los primeros segundos de aquella espantosa carnicería en la que todo lo que conservaba movimiento era masacrado más de diez veces, las tropas que avanzaban, hombres, mujeres, niños, perros, aves de corral, y toda criatura con movimiento, atrapada en ese sitio y en ese instante—de pronto no pude oir. Mi mundo quedó silencioso y quedé envuelto en una calma inconmensurable. En medio de aquel terrorífico estrépito de cuerpos y proyectiles que explotaban, no podía oir nada sino mi propia voz. De algún modo maravilloso, me atrapó una dimensión silenciosa, callada, tranquila, apartada, pero adherida a la carne que había a mano. No resulté herido. Me sentí tan bien como cualquiera podría esperar sentirse bajo tales circunstancias. Podía oir mi propia voz y hasta mi respiración con bastante claridad. Fui de un puesto de ametralladoras a otro puesto y me oí al dar palabras de estímulo y de calma a los soldados de mi tropa. Pude ver sus bocas que se movían en respuesta, en gratitud—y en terror—pero no oí sus palabras. Me oía a mí mismo, pero no podía oir las balas que estallaban alrededor de mi cuerpo. Quedé provisto de una prodigiosa calma envolvente que me permitió moverme sin miedo, a fin de hacer lo que el momento me pedía hacer, por espantosos que fueran esos momentos.

 

Quizá un hombre puede detestar tanto una situación que su cuerpo produce sustancias químicas las que, a su turno, levantan una barrera entre él y el ambiente irritante y desagradable. Pero, a medida que esto me pasaba aquel largo día en Corea, hubo una muy clara percepción de una Realidad superlativa, justo por detrás de los sucesos; que estaba allí otra Escena, precisamente por encima de la primera para rodearla; esa Realidad irrumpió a través de ese callejón de caos dentro de mi propio reconocimiento consciente. Anduve con un valor espléndido como si el cuerpo mortal no podría ser y no sería herido. Corrí de soldado a soldado, de un puesto de ametralladoras a otro puesto. Caí derribado como envuelto en una red alrededor, con pinchazos de piedras y rocas, pero sin sentir nada distinto a una tranquila y clara sensación del dominio de la Vida sobre la vista y sonidos del mundo; además, con la Presencia que había sentido y vi momentos antes entre los primeros cuerpos caídos, VI y SENTÍ la Naturaleza eterna de la Vida, incluso frente a la muerte. Es posible que así haya sido la benéfica calma que Mr Shieh experimentó, años atrás, cuando pudo ver las flores en la lejana montaña.

 

Aquella maldición y ese fuego infernal peculiar en Corea duraron cuatro noches y tres días sin que se pudiera dormir en momento alguno. Nunca he olvidado el distinto marco del tiempo y la envolvente paz interior ni cómo fui sostenido y apoyado durante ese tiempo—y no-tiempo. De más significación, aquella Paz no me ha dejado desde esos días, ni por lo menos cuando he estado consciente de Ella ni cuando los trocitos cayeron y la invoqué. ¿Cómo la invoco? Voy al Niño que está en Mí.

 

Por qué escribo esto ahora después de todos esos años, en realidad no lo sé, pero en este Día Conmemorativo cuando siento que todo lo necesario para el libro se ha escrito, me siento y escribo algo que podría decir a otros como Janice y Bill, que hay veces en que la angustia de la lección es absolutamente necesaria—que dejar la angustia puede no ser la respuesta. Ahora, con absoluta certeza, puedo decir a la gente, jóvenes y viejos, que deben aprender sus lecciones bajo las más difíciles y peligrosas circunstancias. Mejor dejar nuestras redes después de haber aprendido las enseñanzas. Mejor que invoquemos al Niño porque el Niño sí sabe qué hacer. El Niño y la Presencia son la misma Presencia única y Eso es precisamente aquí donde estamos, que trasciende el tiempo y el espacio de este mundo.

 

El tono definitivo y final en este Sobretono: El día en que moví la Compañía King a su línea, en Corea, se me dio la Orden de Batalla del “enemigo” que se me oponía justo a través del valle, en la siguiente montaña. Para enfrentar mi Regimiento, y a mí en particular, estaba la 60ª División del Ejército Chino, las mismas tropas con las que había vivido y a las que había entrenado por dos años en China. Nos volvimos a encontrar, ocho años más tarde, en una carnicería terrible y sin sentido.

 

En el mundo aparente, nuestros amigos y enemigos son lo mismo—y, a veces, sin necesidad alguna, locamente, procuramos destruirnos unos a otros, sólo para encontrar que la Vida es eterna. Como sucedió con Arjuna[1], en abominable combate, se me instruyó en algunos de los Misterios y aprendí el sentido de la insensibilidad.

 

Día Conmemorativo, 1985

 

El hacer sentido de este mundo de apariencias tiene mucho que ver con la comprensión de la naturaleza de Luz/luz, espacio, energía y tiempo. Especialmente tiempo.

 

TIEMPO Y COSMOLOGÍA

 

“Pronto se va iniciar un reloj nuevo en el mundo del tiempo y del espacio,” dijo el viejo Han, mientras hablaba al grupo al pie de la laguna. “Hay algo que se debe comprender acerca del tiempo. La insistencia del metafísico en que la materia no es lo que parece ser y que el tiempo no es verdadero, es sólo una media verdad. Creo que muy pronto se entenderá el tiempo.”

 

MEDITACIÓN DEL DIARIO

 

La Divinidad existía antes de tiempo y espacio. El Inefable aún existe, infinito y eterno.

¿Entonces qué acerca del tiempo y del espacio?

 

Existen con un propósito esencial: para que los mortales puedan eventualmente llegar a captar y saber el alcance de la fuente Inefable de sí mismos. Cuando se atraviesa el espacio y se calculan los misterios del tiempo, el hombre ha de hallar que apenas ha tocado los bordes de la Inefabilidad. Se encontrará a sí mismo como el que ha contado todos los granos de arena que cubren la tierra, o medido todas las hojas en todos los bosques de sus sueños, y luego despierta para darse cuenta que nada sabe del Soñador en quien él existe.

 

HAN, MAESTRO DE LA PROVINCIA KWANGSE

 

Han habló al pequeño grupo reunido en la laguna de la montaña, y dijo: “Cuando el Inefable preguntó ‘¿Qué soy?’ el mundo intangible vino a ser. Cuando el Inefable preguntó ‘¿Quién soy?’ apareció la vida.”

 

El soldado preguntó impacientemente: “¿Qué quiere decir eso?”

 

“Muy simplemente, el mundo tangible es el conocimiento de Dios de Quien Dios es. El Niño en el interior que enciende la chispa de la vida dentro de cada uno de nosotros es la propia Autoconciencia de Dios en el proceso de suceder. Esa chispa es la Auto-imagen de Dios. El arrogante y atemorizado ego que rodea la chispa es la cubierta, la cáscara del hombre hecho de la nada que se levanta como un velo entre la Divinidad y su Auto-imagen. El Quien incluye el Que y no hay división alguna entre la Conciencia y las imágenes que aparecen dentro de ella aquí.”

 

“¿Y eso qué quiere decir?” preguntó el soldado, sacudiendo su cabeza en frustración.

 

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Hay una clara relación entre ciencia, religión, metafísica y cosmología del tiempo. También hay una relación muy clara entre la conciencia que lee estas palabras y la apariencia de Todo-hombre en el mundo físico del tiempo y el espacio. En esta parte del libro, permítasenos intentar la explicación para entender estas relaciones.

 

DA SHAN, LA MONTAÑA PODEROSA

 

Oigan la historia de Da Shan. En las planas llanuras de la Provincia de Kwangse se levanta Da Shan, la mítica montaña, alta y majestuosa que trepa a través de las nubes. Su cima está envuelta en una luz distinta, poderosa y penetrante para la cual la luz ordinaria de las vertientes bajas es una copia limitada y finita.

 

Da Shan es una montaña de granito, casi piramidal, con cuatro caras, abrupta y empinada, que asciende hasta un pináculo perfecto donde el que trepa y llega a la cima puede pararse equilibrado sobre un pie—distinto del hombre que se balancea precariamente en lo alto de la gran pirámide de Egipto.

 

En la Provincia de Kwangse, la mítica Da Shan es “La Montaña de Búsqueda y Encuentro.” Se dice que en el mundo, todo nosotros, estamos en sus vertientes, sea que lo sepamos o no. Han el viejo sabio de Kwangse, dice que el propósito de la experiencia humana es alcanzar la cima de Da Shan, y a partir de entonces encontrar el hogar original y final que trasciende el tiempo. Allí percibe su identidad genuina y principia su reino prometido de dominio sobre su propio mundo subjetivo.

 

Entre los dichos de Jesús que aparecen en la biblioteca gnóstica de Nag Hammadi, figura este: “Bienaventurado es Aquel que existía desde antes que viniera a ser.” Es decir, hay bienaventuranzas para la Identidad que precedió a este cuerpo de cosas; bienaventurada es la Identidad Verdadera, la imagen perfecta de la Divinidad para la que este cuerpo y experiencia en el tiempo lineal son una confirmación retroactiva. En la cima de Da Shan encontramos al Único que existió antes que esta vista tangible de las cosas llegara al ser finito.

 

Nuestra verdadera Identidad ya se levanta en lo alto de esa cima para cambiar Luz con luz y Luz por luz. La lucha para la comprensión puede parecer larga y difícil pero en el tiempo es retrospectiva, y en realidad CONFIRMA el hecho de la Sabiduría que es ya la naturaleza de la Identidad verdadera.

 

Este conocimiento COMPRENDIDO permite nuestro vivir diario aquí en el mundo, el ascenso de Da Shan, para que ocurra suave y rápidamente, según se ordenó como la primogenitura para todo hombre que busca la Verdad.

 

Cuando se hacen estos descubrimientos, dice Han, el que trepa descubre la penúltima maravilla: que los Verdadero de sí mismo ha estado en la cima de Da Shan en todo momento, libre e intacto ante el tiempo y el espacio. “Sí,” nos dice Han, “uno encuentra que siempre ha estado por encima de lo tangible de Da Shan, tiene a todo el mundo bajos sus pies.” Luego, el viejo maestro de Kwangse dijo: “La Perspectiva equilibrada en la cima del intelectualismo despliega los límites finales de la sabiduría humana; desde ese punto hay una perturbadora maravilla de maravillas: que la experiencia humana en el mundo, tanto objetiva como subjetiva, siempre ha sido un Autoexamen retrospectivo, que aparece a quien sube como un movimiento hacia delante en el mundo del tiempo.”

 

Por tanto, apreciado lector, no luche con esto ahora. Procederemos a examina este, el más profundo de los Misterios, porque tiene que ver con materia, tiempo y espacio, un misterio que usted y yo—y la ciencia humana, resolveremos momentáneamente

 

¿ES DA SHAN VERDADERO, IRREAL, NI UNO NI OTRO O AMBOS?

 

Estamos en la construcción de una analogía. Su propósito: capacitarnos para entender la sencillez de la religión y la metafísica y el sitio de ellas en la ciencia pura. La montaña mítica Da Shan encara todas las direcciones. La montaña no se aparta de la tierra, y, así, cuando hablamos de Da Shan, hablamos de la materia, lo tangible del mundo. En este sentido la cima de Da Shan es la cima del mundo físico y representa el sitio en el tiempo y en el espacio donde lo Intangible se hace tangible y lo tangible revierte a la Intangibilidad.

 

¿Hay tal sitio en la realidad? Desde luego que lo hay. Hay un punto en el que algo fluye de la nada. En el tiempo hay un tiempo donde el tiempo explota en la forma, aunque hay un tiempo en el tiempo cuando se podrá entender el propósito del tiempo, y, quizá ya no exista más. En una perspectiva, aquel enfoque del tiempo se muestra confirmado (y parece inevitable) a medida que muere cada individuo físico. El límite directivo del mundo intelectual no se halla lejos de esa comprensión ahora, antes de la muerte. Hay aquellos en el mundo que ya captaron la naturaleza de (y la necesidad  breve o transitoria) tiempo, espacio y lo tangible.

 

LA VIDA HUMANA

 

Parece que hay miríadas de formas de vida que viven en la montaña mítica. Las personas andan sobre la faz de Da Shan, suben o bajan hasta un grado u otro, o andan en círculos, sin ir a ninguna parte en absoluto. Aquellos de nosotros que nada hacemos para discernir la Verdad—casi todos no hacemos nada—nos hundimos más profundamente en la densidad y en las sombras de Da Shan.

 

En la escala humana que brindamos a las cosas, entramos en la escena tangible del tiempo y el espacio en alguna parte de la montaña y físicamente la dejamos en algún otro sitio—esperamos que más cerca de la cima. Hay quienes, como los budistas, dicen que salimos de la montaña cuando hemos llegado a su límite más alto y hemos hecho lo que vinimos a hacer aquí. Entonces, en la total no-existencia de la cubierta o envoltura del yo, se dice que venimos a entender el Yo de Algo, a fin de hacer las órdenes perentorias y precisas de Dios. Aquel trabajo es la obra verdadera que escasamente ha comenzado en el tiempo.

 

El mundo de Da Shan, mítico o no, es finito. Nuestra búsqueda de la verdad comienza en el tiempo y termina en el tiempo. Como la arena que pasa través de una clepsidra, las arenas del tiempo comienzan y terminan. El tiempo no es lo que parece ser, y no hay mucho de ese mítico relleno restante en el que nos encontramos equilibrados en la cima de la montaña del entendimiento. La toma del tiempo en nosotros, nuestra toma en él, no es eterna. El árbol tangible de la vida como aparece en el mundo tampoco es eterno.

 

EL HUECO EN EL MURO

 

Han contó esta historia:

 

Una vez en la Provincia de Kwangse levantaron un muro tan alto que bloqueó al sol y nada crecía en ese sitio. Durante la Tercera Dinastía, cierto forastero bajó de Da Shan. Se paró al pie del muro, se hizo nada y se desvaneció. Desapareció tan completamente, sigue la historia, que una parte del muro se esfumó con él. Donde había estado de pie, apareció una abertura en el muro, como una puerta, y a través de ella la gente podía ir y venir de un lado del muro al otro. Por la mañana la luz irrumpía por esa como puerta y, donde la luz tocaba el suelo, crecieron las primeras flores en Kwangse. A la gente la atrajo el nuevo jardín de flores y la luz. Vinieron a ser el pueblo de la primera Comunidad.

 

Han miró a sus amigos y dijo: “Al Forastero que se había hecho nada lo alabaron por crear la Comunidad y se convirtió en objeto de mucha adoración. Pero no fue el Forastero el que hizo crecer el jardín que atrajo a la gente; fue la Luz. Era la Luz.” Han dijo de nuevo: “En la cima de Da Shan nos convertimos en nada, en ningún sitio, en ninguna cosa; luego venimos a ser la abertura, el Camino, entre la luz y las tinieblas.”

 

¿Quién es Han? Han es el Niño dentro de mí. Han es el Niño-Yo-Soy,

 

NOTA ESPECIAL PARA EL LECTOR

 

LA VERDAD NO ES DIFÍCIL DE ENTENDER

 

Será extremadamente satisfactorio si el lector abandona la creencia popular que la “metafísica” o el “subjetivismo” es un tema difícil de entender. NO lo es. Los demostraremos en las páginas que vienen

 

La idea que la más profunda “Verdad” es abstrusa y difícil es un mito proyectado sin intención por bellas personas que, en su gran mayoría, han tenido maestros inadecuados o sin discernimiento o textos incompletos escritos antes que la Verdad se hubiese revelado y confirmado completamente a sus autores. Por siglos hemos oído a la Verdad expuesta con falsedades o adulterada por maestros de buenas intenciones que no tenían la menor idea de lo que en realidad hablaban y cuyos comentarios, sin evidencias o sin bases, no se podían concebir ni mucho menos poner a prueba. Por años estudiamos o intentamos estudiar filosofías inconsistentes e insostenibles ante un análisis racional y razonado. Dudo que el Todopoderoso pueda dar comprensión y sentido a mucho de lo que se ha escrito y gritado en nombre de la Verdad. Pero la metafísica, como lo es en realidad, no es un concepto difícil de entender. Nuestra capacidad para captar el subjetivismo crece en cada uno de nosotros a diario. Es un reloj que se enciende dentro de cada uno de aquellos a quienes les llegó su tiempo.

 

Tal como los niños en la escuela oyen acerca de los supuestos horrores de la geometría o del análisis de Cervantes o Shakespeare y, por tanto, evitan esos temas hasta donde les es posible, de la misma manera la humanidad evita los estudios profundos de ciencia, religión, filosofía, metafísica o la Verdad, con miedo de no poder entenderlos y sin voluntad para hacer el esfuerzo que creía necesario a fin de captarlos. Tal ha sido el temor a la teología que a muchos les ha impedido estudiarla. La mala información acerca de la metafísica aparta a los científicos y a los religiosos de un digno examen sobre el subjetivismo. Y ciertamente los distorsionados “yunque” que uno encuentra en las obras metafísicas impiden a los estudiantes que buscan llegar a los campos verdes de la sencillez justamente POR ENCIMA de la teología y la metafísica donde se satisfacen las Metas y Objetivos de todos nuestros estudios.

 

A través de toda mi vida me he deleitado en señalar las esencialidades de la religión y la filosofía de modo que se puedan entender. He hecho lo intrincado de la metafísica perfectamente simple ante quienes han venido a estudiar conmigo. Ni uno solo ha fallado en comprender todo lo que era necesario para explicar sus preguntas, sus sorpresas y asombros del momento. Le pasará lo mismo al lector de este libro. La Verdad no trata de evadir nuestra búsqueda. Se revela y se expone por sí misma al corazón voluntario. Preguntamos y se nos dan las respuestas. Buscamos y encontramos.

 

Todos somos filósofos naturales, que vivimos sin esfuerzo alguno una filosofía divina entremezclada con nuestras propias ideas—y hacemos esto cada minuto del día. Todos somos subjetivistas naturales tan ciertamente como objetivistas, y lo somos ambos al mismo tiempo, simultáneamente en un grado u otro. Por ejemplo, miro a través del prado de Woodsong y veo un árbol. Ante mis ojos ese árbol es un objeto. Simplemente al observarlo y ser uno que cree en Dios, soy un religioso objetivo.

 

Ah, pero oigan bien, oigan: al tener conciencia que el árbol es “hermoso” y “vivo” y de cierta dignidad y gracia—o alguna otra cosa que se relacione con la esencia de ese árbol—al mismo tiempo pienso y observo subjetivamente. Por tanto, también soy un filósofo y metafísico natural que vivo mi subjetivismo. Lo mismo pasa con el lector que piensa en estas palabras. El hecho simple consiste en que ninguno de nosotros con la más leve inclinación espiritual puede mirar o pensar acerca de algo sin ser un filósofo, un metafísico, sea que haya leído o no un solo libro espiritual. Con tanta rapidez como usted y yo definamos nuestros términos aquí, andaremos en el mismo estado mental. Será útil para el lector sustituir sus propias palabras por las mías que, al principio, le puedan parecer extrañas.

 

El estudio de la metafísica como ciencia puede parecer un tema complejo de aprehender (sujetar, prender, atrapar) intelectualmente—pues depende en qué versión se encuentre la Verdad—pero entender la metafísica y vivirla como filósofo-metafísico natural, y MÁS no sólo es fácil sino inevitable. Por otra parte, es esencial y básica. El mundo, tal como es, se halla pronto a hacer erupción delante de nosotros. Una forma nueva de actividad mental está en camino.

 

Querido lector: no se pregunte si es suficientemente espiritual, o si tiene abundante inteligencia—o fe suficiente—para comprender o captar la Verdad. Lo va a hacer, la comprenderá. Desde el principio de los tiempos a usted se le dio la significación de entenderla, sea que usted se considere religioso o no, inteligente o no. ¿Una flor tiene la inteligencia justa y precisa para florecer? En verdad, usted ya la entiende. Dentro de todos nosotros hay algo profundo que ya sabe. Sí, en medio de nosotros hay Algo Maravilloso que comprende la disciplina del mundo y los puntos y temas importantes de la vida que incluye. Ese conocer, ese saber, está listo para surgir y saltar en nuestros afanes diarios para hacer la vida rica y plena de significado de nuevo. Este volumen se ha escrito con la intención, el anhelo y el deseo de demostrar eso.

 

Woodsong en la Colina, 1986

 

LAS TRES POSICIONES SIMULTÁNEAS

 

Hay una antigua sentencia zen que dice: “Primero es una montaña; luego, deja de ser montaña y no hay montaña; y, por último, es una montaña otra vez.”

 

Nuestra percepción de la Verdad se mueve hacia delante continuamente en esos tres “niveles básicos.” Que, en realidad, suceden de manera simultánea dentro de cada uno de nosotros, con énfasis en uno o en otro en cada momento del tiempo, según nuestras experiencias y nuestra actividad mental. Las tres posiciones por rareza se hallan en equilibrio, pero nuestro crecimiento continuo en el tiempo en forma lenta desarrolla ese equilibrio. Los sucesos que han de venir en los años futuros nos llevarán a muchos de nosotros al aplomo y serenidad, y, por tanto, a ver la posición final con toda claridad—el “es una montaña de nuevo.” Cuando vemos de modo repetido la montaña, esta vez sabremos a qué miramos. Además, también entenderemos el motivo para haber perdido de vista la realidad por cierto tiempo.

 

El primer “Es una montaña,” constituye el nivel objetivo de las cosas. Comenzamos como niños que observan un mundo objetivo, aprendemos acerca de personas, sitios y cosas. Las enseñanzas que recibimos y nuestro tiempo en la escuela nos vienen desde la posición objetiva: estoy aquí, identificado como este cuerpo; la montaña se encuentra allí. La montaña es verdadera, el cuerpo es verdadero, el mundo es verdadero. El espacio y el tiempo son reales, verdaderos. El pecado, la enfermedad, la muerte, no son sólo reales, sino inevitables. Uno está listo a detenerse en esa posición y permanecer allí. Es posible ver que St Doxy y Calvinópolis son dos ciudades muy grandes sobre Da Shan.

 

 

 

 

 

 

 

Hasta aquí

 

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[1] Uno de los cinco hermanos Pandava, héroe del poema épico Mahabharata en la literatura de la India..El diálogo entre Arjuna y Krishna, uno de los dioses indios aparece en el Bhagavadgita, que es el más célebre texto religioso indio. (Nota del traductor, Pablo Barreto, MD).