Tu Herencia

 

Por WALTER C. LANYON

WASHINGTON 1923

 

Este pequeño volumen se dedica amorosamente a ANTOINETTE K., MAUDE D. y GERTRUDE K. Más allá sobre el Mar de la Vida, una Nave de Visión se acerca al Puerto de la Realización, y trae consigo un entendimiento más claro del espíritu eterno del ahora, el Espíritu Continuo del Año, que ya lo han visto más o menos con claridad pero después lo verán “cara a cara”. La semilla que se ha sembrado en el interior, florecerá en el exterior e impartirá un perfume raro de dulzura exquisita que ha de refrescar las esperanzas de los años idos. Para los pioneros en este trabajo glorioso, la recompensa de sus esfuerzos incansables, será el eco de sus pensamientos expresados por la humanidad como la prueba más verídica de una demostración. A aquel que primero han aclamado, más tarde el mundo entero lo aclamará.

 

Y también este libro se dedica a SYLVIA como un recordatorio de que Tu Herencia es una posibilidad presente.

 

CONTENIDO

 

Tu Poder Para Demostrar 

Eso Es lo Que Sana

El Poder del Pensamiento

Que Sea

El Que Peca, Morirá

Ven, Razonemos Juntos

El Padre Dentro

Tu Yo Soy

El Pensamiento Correcto

La Casa de las Sombras Que Oscurecen

 

Tu Poder Para Demostrar

 

Si en un ataque de locura el capitán de una nave destruye o corta y suelta el timón de su barco, mientras está en medio del océano ¿a qué puerto finalmente llegaría? Al puerto de la oportunidad. ¿Y quién puede decir lo que ese puerto sería?

 

Quizá sería el puerto de sus sueños. Posiblemente por algún destino oscuro el viento y las olas podrían llevarlo, sin timón, al puerto deseado, pero las probabilidades serían tan grandes en su contra que nadie se cuidaría de tomar semejante riesgo. Pero una nave sin timón, aunque pueda tener a bordo las mentes de la excelencia más especializada y el más perfecto instrumental de ciencia náutica, se parecería propiamente mucho a un hombre cuya cabeza esté llena de verdades prácticas, y que sin embargo naufraga aún en los bajíos de la indecisión y de la “espera.”

 

Es ciertamente verdad que un barco sin timón en medio del océano no encuentra obstáculos para la dirección de su curso. Todas las vías le están abiertas. Todo puerto está disponible. Se puede volver en cualquier rumbo, sin impedimentos, pero no hace ningún progreso real, porque perdió el timón. Con todo el poder del mundo almacenado en su casco poderoso no irá a ninguna parte y al final, podrá encallar en un arrecife, donde naufragará y llegará al desastre.

 

Tal será el destino de centenares de honestos Buscadores de la Verdad. Tienen la letra pero no el espíritu para dirigirlos, y debido a esto toda su vida se cuenta entre los que Esperan en Apatía, pues carecen de la dirección de aquella Mano Invisible que no está sino formulada de manera borrosa en sus mentes, y cuya falta les deja abandonados sin rastro en el océano del mundo. No tienen ese poder innato esencial que, cuando se usa bien, le permite a un hombre cumplir todo lo que desea. Una nave, como todos nosotros sabemos, puede navegar hacia el oeste, y otra puede tomar su curso hacia el este, las dos van hacia adelante pues se aprovechan del mismo viento que les favorece. Pero saber cómo usar esta potencia y la capacidad de emplearla para suplir nuestras necesidades, nos llevan al puerto deseado y nos permiten tener éxito en el viaje de la vida.

 

Todos concederán que jamás un barco empieza un viaje sin tener un destino definido a la vista; lo mismo debe ser con nosotros. Ninguno de nosotros debe empezar a demostrar una verdad indefinida. Seguimos mucho el hábito descuidado de permitir que la Verdad haga la obra de guiarnos; que es como romper el timón de nuestra nave y confiar que un viento favorable nos lleve a un puerto satisfactorio.

 

Cada uno debe tener ante sí el mapa de lo que espera cumplir. Se debe pegar a la línea y estar de pie como el capitán a la rueda, sin dudar ni por un momento que alcanzará la meta suprema de su ambición y su deseo.

 

Ningún mal puede venir de un plan o de un bosquejo bien-formulados, y éstos se encontrarán necesarios y ventajosos en todas las líneas de la vida. Qué pensaríamos de una compañía ferroviaria que empiece a poner sus rieles sin haber decido un destino y sin un meta fija, aparte de construir de pueblo en pueblo. Y esto es justamente lo que haces cuando partes de una demostración que no tiene ningún fin definido a la vista.

 

Aquí está, por ejemplo, un hombre cuya demostración es a lo largo de la línea de la salud. Sabe exactamente lo que quiere. Su objetivo es poseer aquel buen sentir que salta con vitalidad, y lo persigue mentalmente. Su fin y su meta están definidos con toda claridad, y se da cuenta que no tiene sino que aplicar el principio en la manera correcta para conseguir resultados. Pero si es riqueza lo que quiere, no lo fija de modo tan definido. Lo encuentras mientras dice: “Lo que es bueno para mí tendrá que venir.” Falla en darse cuenta que a menos que en alguna medida dé forma a sus deseos, no puede recibir, y cuando el aceite empieza a correr, no tendrá ninguna medida en la que reciba porque no ha conformado la copa de su deseo.

 

El azar, la falta de objetivos, el estado mental de espera, precisamente impidieron que el hombre en el estanque de Betesda consiguiera su salud. En lugar de meterse en la piscina, y allí agitar las aguas en su actividad sanadora, esperó hasta que primero se moviesen las aguas, con el resultado que alguien con una mente activa siempre se apresuraba a levantarse con el premio.

 

Cuando el hombre establece contacto con Dios, el mar infinito de sustancia que le rodea—ese mar total de sustancia—comienza a moverse en la dirección de esa mente, como cuando se hace una grieta en una presa y toda el agua del río o del lago que contiene la presa se mueve hacia esa hendidura, lista ya para derramarse y convertirse en inundación.

 

Entonces, el hombre en contacto con Dios debe sentir el impulso inagotable de la sustancia que presiona hacia él y que desea expresarse: “Pruébame, y verás si no derramo una bendición tan grande que no la podrás recibir.”

 

Pero precisamente cómo poner el timón a trabajar, desconcierta las mentes de las masas. Que se saturan con la Grasa Metafísica, es decir, razonan y ponderan la verdad, sin resultados prácticos, pues no saben cómo emplear bien la evidencia. Si una afirmación no se te puede demostrar, o has llegado a un raciocinio falso, o los demás no lo han alcanzado y no están listos para producir su fruto.

 

Primero, entonces, cuando deseas demostrar el principio de la verdad, debe haber un proceso limpiador en la mente. Con toda suavidad aparta de ella, por rechazo, todo lo que pueda estorbar el camino. Niega, olvida y perdona, y así, en la actualidad, puedes entrar a un plano por completo mental. Es casi un estado que se tipifica en los niños cuando dicen “jugar-a.” Lo tomas como concedido, lo aceptas y reconoces el estado que deseas aunque todavía no se manifieste en la carne o en tus asuntos. Una vez en esta etapa mental receptiva, estás listo para la segunda fase.

 

Luego insistes más allá de los límites estrechos de tu mente y encontrarás a Dios que se halla por todas partes. Meditas por un momento en lo que Dios es y dónde está, y ahora que entras en contacto con Él, el mar entero o la sustancia de amor se mueve hacia ti, así como el agua se mueve hacia la grieta en la presa.

 

Además, te das cuenta que el Padre está tan deseoso de expresarse con tanta abundancia en tu vida, como el agua quiere forzar su camino a través de la grieta en la represa. Sentimos el gran impulso espiritual sobre nosotros de cumplir nuestros deseos (llenar por entero nuestros anhelos) que son muy semejantes globos sin inflar. Ahora la abundancia de esta sustancia los llena hasta que se levantan por completo fuera de la tierra o base material, y las personas dicen que es un milagro o que ha tenido lugar una señal o prodigio, porque eso es materialmente imposible.

 

Cuando logras establecer contacto con Dios, el poder infinito, el siguiente paso se encuentra en las Escrituras: “Pide.” Se nos dice “pedir,” y no hay ninguna duda, pero la traducción de la obra que aparece con tanta frecuencia es correcta. ¿Te imaginas a un niño de pie cerca de una mesa cargada con comida, hambriento y con deseo de nutrirse, pero teme pedir, no habría esperado más probablemente mucho tiempo y quizá en vano lo que deseó? Cuántos de nosotros no hemos oído a alguna abuela decir, “¿Por qué no lo pediste, niño? Hace tiempo podrías haber tenido todo lo que quisieras.” Así es con la señal, se nos dice que pidamos literalmente, y como el niño que quiso el pastel, quizá haría una petición específica en lugar de los ingredientes con que se hace. De la misma manera, debemos pedir directamente. Esta es la diferencia entre tener un objetivo, un destino, o un deseo bien-conformado en la mente cuando hay señales. Podrías haber puesto en tus manos todos los materiales que se necesitan para hacer una hogaza de pan, y sin embargo estar tan desvalido como si no hubieras pedido, y casi mueres de hambre porque no diste a conocer tu deseo.

 

Si necesitas pan, el trigo, la levadura, el agua y el azúcar no son suficientes. Quieres el producto acabado. Así, cuando necesitas dinero, una petición de suministros y elementos sin definir, crea un problema en el mar de sustancia, pero como la taza de tu deseo no se ha conformado aún, tu señal es muy semejante a echar agua con la mano,-pues casi toda se aparta de ti.

 

Cuando Jesús devolvió la vista al ciego, éste no pidió algo indefinido que se llama salud. En la salud se halla la vista. El Señor le dijo: “Recibe la vista.” De esta manera debemos aprender a utilizar la copa de nuestro deseo, y pedir, con la certeza de saber lo que deseamos.

 

Cuando has pedido, cuando has “dicho la palabra,” tu paso siguiente es “creer,” simplemente aceptarlo y apegarte fuertemente a la obra completa, mientras respondes a todas las objeciones con una firme declaración: “Ya está hecho.”

 

A partir de este estado de mente sigue un estado natural, el de gratitud y acción de gracias que son el primero y el último paso en tu señal. Das gracias porque la “Palabra” se hizo carne y ahora es tu posesión.

 

Pero dices: “Quizá podría pedir algo que no es bueno para mí”. “Quizá puede que tome inconscientemente algo que pertenece a otro”. Comienzas tu demostración mediante tu unidad con Dios. Cuando esto se establece, cuando olvidas, perdonas y bendices a toda la humanidad, entonces sabes en forma natural, innata, si tratas o no de poner el poder de Dios en un deseo material y egoísta.

 

Gradualmente, como tienes comunión consciente con el Padre qué está dentro de ti, aprenderás a reconocer si el deseo es de abajo o de arriba,, y al instante lo destruirás o lo cumplirás.

 

“Gracias a Dios por su don inefable.”

 

¿Cuál es el don inefable a que Pablo se refiere en la cita anterior? No es para él la gracia, pues ya habíamos leído:

 

“Y Dios es poderoso para hacerlos abundar en todo género de gracias, de forma que en todas las cosas y en todo tiempo, teniendo todo cuanto necesiten, abunden también en toda buena obra.”

 

Es claro que el “Don,” de que tanto se ha dicho, es la venida en posesión de un suministro ilimitado, ya sea dinero, salud, contentamiento o amor. No hay limitación alguna en el pensamiento: “Dios es poderoso para hacerte abundar en toda gracia.” No dice que puede hacer una parte del todo, o una cantidad limitada; sino todo. La Biblia está llena de promesas que se nos darán las grandes riquezas; y esas grandes riquezas ya son nuestras.

 

“Y te daré los tesoros de las sombras y las riquezas escondidas de lugares secretos.”

 

“Abre tu mano y satisfaces el deseo de toda cosa viviente.”

 

“Deléitate también en el Señor, y Él te dará lo deseos de tu corazón.”

 

¿Cuántas veces has leído estas promesas una y otra vez y luego te preguntas por qué debes luchar en los más limitados sentidos de las cosas? Quizá tus necesidades más esenciales se han satisfecho, pero siempre con la economía más estricta. Algo estará mal con la forma en que aplicamos la regla, pues la regla es correcta. Todo el problema está con nosotros en la aplicación de las leyes que se nos dejaron en la demostración de la prosperidad.

 

Examinemos la naturaleza de lo que llamamos pensamiento. Ya hemos llegado a un sitio donde reconocemos que el pensamiento es productivo en su propia clase; que cuando pensamos una idea amable se acompaña de una obra o de una palabra gentil, o viceversa; que cuando pensamos en acción, el cuerpo se mueve; y cuando pensamos “Puedo” produce un estado de sentimiento y acción completamente distintos del “No puedo.” Y pronto a través de toda categoría de pensamientos, encontramos los que producen en su propia clase. Si siembras una semilla de rábano, esperas un rábano y no una remolacha; y aquí vemos un juego de fe consciente e inconsciente en operación. Nunca sembramos semillas que sabemos que no van a crecer, pues entonces todo nuestro jardín será un fracaso. Por tanto, vemos, que uno de los elementos del desarrollo es la fe.

 

Desde luego, ya sabes todo esto y cuando se te pregunta en que consiste lo que demuestra la prosperidad, respondes: “la Mente Divina,” o Dios y ya has aprendido que la Mente Divina es el Pensamiento Recto, y que Dios ya no está por allá en los cielos, alejado, sino cerca, a la mano. Has aprendido que ahora tienes unidad de conciencia con Él, que tú y el Padre son uno y comienzas tus operaciones desde el centro de tu ser en lugar de ensayar una cadena mística al decir: “No falta nada; Dios está en todas partes,” y luego “esperas” por algo desde no se sabe dónde para que suceda. Es cierto, algunas condiciones exteriores obran y actúan pero sólo porque nos atravesamos en el camino de estas condiciones. Ponemos una semilla en la tierra cuando estamos listos para que comience a crecer. En otro lugar, por ejemplo en un saco, no se manifiesta ningún desarrollo. Esto es también cierto en nosotros; cuando obtenemos lo correcto en el interior, automáticamente encontramos condiciones exteriores tales que no podemos fracasar en el desarrollo.

 

Por tanto, el pensamiento es la sustancia sin forma de la que todas las cosas son moldeadas. La copa de nuestro deseo le da forma. Un niño en la playa con baldes de moldes los llena una y otra vez con arena. Todo acerca de nosotros es la sustancia sin forma y cuando entramos en conciencia con el Padre interior, y nos damos cuenta que el yo divino y el Padre son uno, comenzamos a moldear y a dar forma a esta sustancia informe para llevarla a lo formado.

 

Querido lector, ensaya esto. Vé a tu interior y unifícate con el Padre, y principia a decretar y declarar mentalmente sin que entren las contrapartes físicas o materiales. Tú mismo te puedes satisfacer mentalmente que posees todo el bien, que ahora traes a la existencia todo lo que necesitas. “Determinarás una cosa, y te será firme.” “Determinar” no quiere decir que querrás algo o desearás algo, sino que lo declararás como algo inevitable. ¿Cuántas veces has hecho esto? No muchas. Has creído que está bien para mí tener lo que tendré, y te has deslizado bajo una carga de pobreza y delimitaciones que a más de ser muy dolorosa es estresante. No hay ninguna virtud en la pobreza. No nos ayuda ni en una sola cosa y es tanto como el pecado y cualquier otra cosa porque es creer en un Dios personal, limitado y egoísta que trata abundantemente con algunos pero que es muy escasos con otros. Algunos han declarado que tienen toda sustancia sin el más ligero concepto de lo que significa mentalmente un centenar de dólares. Han hablado en términos de millones pero al mismo tiempo mantienen su mente en unos pocos dólares. Ahora bien, para tomar conciencia de lo que es la sustancia hay que dejarse ir, ceder y tomar por garantizado como si fuera que ya posees todo. No temes ni crees que cuando entras al baño vas a permanecer seco. Hace mucho tiempo que pasó la etapa cuando creías eso y de la misma manera la demostración de la sustancia debe venir. Cuando sabes que eres uno con el Padre en el interior, y hablas esta autoridad nueva, aprendes que puedes en realidad “Determinar una cosa, y te será firme.” De esta manera debes llevarte a una mentalidad que rechaza, por un solo momento, reconocer la derrota o las limitaciones de cualquier clase. Asume una mentalidad que es rica y abundantemente prosperada. Colócate en tus alrededores mentales deseados y lleva a cabo la visión que se te mostró en el monte. Recuerda que tus mismos deseos, mientras sean buenos, son de Dios y no se originan en ti.

 

Alaba la primera aparición de la obra de esta ley nueva, aunque pueda parecer pequeña; alaba todo pedacito de sustancia que llegue a tu camino – tu salud, tu contentamiento, tu felicidad. Alaba y bendice todo y pasa a lo largo de eso. ocúpate mucho en dejar salir el gozo. Sé un dador. Mira a cuántos puedes hacer feliz durante el día. Nunca permitas que el mal pensamiento de la limitación te lleve a la frialdad. Haz regresado a la casa de tu Padre y “Todo lo que tengo es tuyo.”

 

Ensáyalo por un día. No dejes que el pensamiento limitante más pequeño entre a tu mente. Cuando las apariciones de la limitación vengan sobre ti, dí: “No juzgaré por apariencias. Juzgaré con juicio recto.”

 

En el momento actual quizá te sirva verificar tus tesoros. Toma papel y lápiz y haz una lista de las cosas maravillosas por las que tienes que dar gracias. Aumentarán y aumentarán hasta que vengan a ser más numerosas que las arenas del mar, y tendrás un dar de alabanza glorioso, y hasta el terreno donde te paras vendrá a ser tan santo que te estremecerás con una vida nueva.

 

Cuando llegues a reconocer que todo acerca de ti es vida, una sustancia vibrante de la que todas las cosas son creadas, comenzarás a experimentar la paz indecible que viene del verdadero entendimiento. Ahora bien, a fin de tener abundancia, debes hablar abundancia. Nunca dejes que tu conversación sea baja y pobre y mucho menos que pienses en discursos sobre la enfermedad. Guarda tu pensamiento rico lo mismo que tu conversación. Alguien dijo: “Si hablas abundancia, tendrás abundancia.” No que el simple hablar te traiga dinero ni más salud, pero será como un espejo para el pensamiento, y de manera gradual la mente vendrá a estar tan saturada con la abundancia que la hablará en todo lo que se desea.

 

Sé muy consistente en este aspecto. Debes tener toda tu voluntad dispuesta para comenzar con esta nueva regla. Si decides escribir una carta, no comiences con “Apreciado señor,” para decir luego “Bueno, hice mi trabajo y la carta se escribió.” No, continuarás escribiendo carta tras carta, palabra tras palabra, línea tras línea, hasta que esté completa. Lo mismo es con la demostración de la prosperidad. Debemos mantenernos rectos tras ella en una forma consistente y no abandonarla sino cuando esté hecha. NO aceptes la falta como una realidad; es sólo una creencia que hay un lugar donde no está la Mente, y esto, lo sabes bien, es una absoluta imposibilidad. Lo que alguien pueda concebir, se dará a luz si se es consistente y persistente en el mundo del pensamiento.

 

Regocíjate ante toda evidencia de la riqueza, sea tuya o de tus vecinos. Cuando otro la consigue, sólo te da una oportunidad, y debería hacerte buscar un conocimiento más cercano de la ley de la prosperidad. “No tengan envidia uno de otro.”Sé contento, mantente contento y regocíjate. Todo acerca de ti es la fuente inagotable de suministro.

 

No arregles el canal por el que la sustancia se te pueda manifestar. Hay modos y medios infinitos. Todo lo que tienes que hacer es mantener firme la idea de la sustancia ilimitada y presionarla a la expresión. No permitas que una idea limitada o egoísta entre. Utiliza esta sustancia maravillosa como lo haces con el aire y la luz del sol. Nunca piensas en desperdiciarlo. Pero lo usas en cualquier cantidad y sin alterar los derechos de los demás. Es abundante y es tuyo. Piénsalo en tu vida. Hazlo tu propiedad. Reclámalo como una herencia. Determínalo como amo. Habita en el pensamiento hasta que venga a ser tan parte de ti como es la salud.

 

Recuerda, que toda idea visible de riqueza que ahora existe, sea la casa o tierras o joyas, se puede rastrear directamente al campo mental: “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza ni sombra de variación.”

 

 

Eso Es lo Que Sana

 

Lo que sana y lo que es sano es una pregunta que a menudo inicia una discusión.. ¿Realmente que es error de la mente mortal, pensamiento carnal, y que es Dios de mente inmortal, bueno, según se entiende en metafísica? Cuando dices que “conoces la verdad” ¿en realidad que haces? Muchas veces has considerado este tema, y quizá lo has desechado con un sentimiento de no poder dar una afirmación clara de lo que precisamente sabes que es conocer la verdad.

 

Ahora bien, es cierto que cuando piensas en salud, tu cuerpo manifiesta la salud, como lo hace con la felicidad, etc.,y como todo pensamiento recto se origina en y es de Dios, y desde que todo pensamiento es el modus operandi de Dios, el punto actual de comunicación, encontramos que la Mente Inmortal, a la que atribuimos nuestra sanidad, se compone de Pensamiento Recto. Entonces la Mente Inmortal es en realidad pensamiento Recto; de esto se deduce, por el contrario, que el mal pensamiento es mente mortal o error. Además sigue que como el pensamiento malo constituye la mente mortal, lo que temes, esta misma mente mortal no es, como suponías un instrumento universal que te ataca desde el exterior, sino un disco o grabación de pensamientos malos, por así decir, que está en simpatía con todas las otras mentes del mismo patrón, y que es susceptible e impresionable universalmente por las corrientes cruzadas del pensamiento mortal.

 

Conocer la Verdad, entonces se resuelve en una cosa, la del pensamiento recto. Cuando piensas con rectitud acerca de algo, conoces la verdad al respecto. Entonces, cuán simple es conocer la Verdad. En el instante en que cambiamos nuestro pensamiento acerca de algo y lo ponemos en lo correcto, en ese mismo instante “conocemos la Verdad” de eso, y tan pronto como nuestra mente se satura cuidadosamente con esa idea, la demostración viene dentro de nuestra carne. Porque “conocerás la Verdad y la Verdad te hará libre.” La Verdad de todo el asunto es que ya eres libre y solamente debes poner en práctica la libertad para adquirirla en la carne.

 

No tendrás más que estirarte hacia Dios, para experimentar aquello que se llama Mente Divina que está en alguna parte fuera de ti, sino que inmediatamente comienzas a pensar en forma correcta pues estás en la presencia del Altísimo, del padre que está en tu interior, y tu cimiente de demostración ya está plantada. “Él es una ayuda muy actual.” Entonces entendemos por qué los accidentes son desconocidos a esta comprensión, pues tenemos la guía correcta con nosotros, todo el tiempo, el poder que nunca se duerme, y que siempre está activo para hacerse manifiesto en nuestras vidas.

 

De manera instantánea, entonces, comenzamos a pensar correctamente. Si estás enfermos, puedes principiar a pensar correctamente de ti mismo y en ese instante das un golpecito al reservorio de toda sanidad y éste en sentido figurado principia a moverse hacía ti. A medida que haces esta abertura mayor, más y más se derrama sobre ti y tienes ya la demostración completa. Pero la nota clave consiste en que instantáneamente llegas a la fuente de toda salud cuando empiezas a pensar de modo correcto acerca de la situación.

 

Ahora bien, no te desalientes ni te dejes vencer si el primer buen pensamiento instantáneamente no pone en vuelo los “ejércitos de los aliados.” “Quédate quieto, con toda firmeza, y observa la salvación del Señor,” pues debe venir. Es inevitable y no se puede suspender. La sencillez de todo al principio es demasiado grande para comprenderla, pero a medida que ensayas esta regla encontrarás que el id tras Dios ha cesado, que la preocupación por venir a convertirse o llegar a ser de una mente espiritual, en realidad se ha reemplazado por el saber que el pensamiento recto consiste en un pensamiento espiritual y en conocer la Verdad.

 

Además, vuelves a tus afirmaciones del interior. Te diriges al Padre interno y de manera inmediata sientes una gran cercanía de este principio vivo y lo percibes de una manera consiente de una vez con él.

 

Por años has estado leyendo en la Biblia: “Estoy a la puerta y llamo,” y te preguntas cómo podrías dejar entrar al Salvador de la humanidad en tu vida, sin que nunca soñaras que ya estaba dentro de ella, en espera de una oportunidad para salir, para quedar libre en el huerto, para ser reconocido como el Maestro del Templo, y que ahora cuando dices “Padre,” diriges tu pensamiento al interior, el “Hijo” que es la respuesta completa la unión o contacto perfectos.

 

Así como la palabra es el pensamiento vestido, y es la semilla plantada, en forma gradual viene sobre ti la importancia de guardar tus palabras. Estas son las piedrecitas que van a entrar en la edificación espiritual, y son débiles y egoístas, pronto se desmoronan y se convierten en polvo, para debilitar por tanto toda nuestra estructura y hacer que nuestra existencia se mueva y sea incierta.

 

El Poder del Pensamiento

 

¿Qué fue primero, el huevo o la gallina? ¿La flor o la semilla? Pero tienes para resolver todo en pensamiento encontrar que primero de todo antes ya sea flor o semilla, huevo o gallina, estaba la idea, que descansaba en la mente de Dios sabemos que estas cosas fueron formadas y creadas de la sustancia invisible de las cosas que se esperaban.

 

Todo lo que nos rodea es esta sustancia mental invisible, informe de la que Jesús tomó lo que necesitaba, primero para formar el deseo en una idea e imprimir ésta o llevarla al exterior como una expresión en le carne. El sabía que era ilimitada e inacabable que mientras sacara de la sustancia invisible todo se le supliría.

 

Pero viene el mandamiento: “No juzguen por las apariencias.” Si tienes una bellota en tu mano y dices: “esta pequeña semilla no tiene fuerza,” y además “una cosa tan pequeña nunca de ninguna manera moverá las ruedas del progreso” formas un juicio semejante al que el mundo hace sobre el pensamiento correcto. Muchos dicen: “Sí, todo está bien si quieres persistir en teorías y pensamientos bonitos, quizá tienden a hacerte una vida más suave y más armoniosa, pero en realidad para producir resultados son nulos.” Pero sabes que esto es juzgar por las apariencias, y que cuando las semillas, pensamientos, o bellotas, se siembran y se cuidan adecuadamente en poco tiempo esas mismas personas se encontrarán que dependen del fornido roble que las ayuda de alguna manera ya sea como abrigo o para darles luz y calor.

 

Lo mismo acontece con tus deseos: Se debe plantar la semilla del pensamiento, con toda la fe con que cultivas tu huerto. Se la debe cuidar con la misma confianza que tienes en el futuro de tu huerto. Una dama que cada año plantaba flores siempre decía: las flores nunca me crecen; siempre se ponen feas y se mueren.” En sus resultados las flores llevaban la falta de fe en ellas. En la misma zona otro miembro de la familia recogía una abundante cosecha de todo lo que plantara pero amaba sus flores y desde mucho tiempo atrás hacía el siguiente comentario: “Si vas a plantar una estaca puede crecer y florecer. Depende de tu amor y cuidado”

 

Lo mismo acontece con tus jardines o huertos mentales miramos y vemos personas alrededor de nosotros que plantan con distintos resultados. Con frecuencia oímos lo siguiente: “Hago mi trabajo; conozco la verdad; y sin embargo cuando vienen los resultados verdaderos debo confesar con son desalentadores.” E inconscientemente esta misma persona, cuando planta su jardín mental lo regaba con el pensamiento: “Siempre resulta de esta manera ¿Qué podría alguien esperar?” supongamos que te encargas de instruir a un niño y siempre después de la lección dices: “nunca jugarás bien, pero puedes continuar con estos ejercicios fatigantes.” ¿Que tan lejos podría llegar? ¿y con qué resultados? De esta manera llegamos a un lugar en nuestro pensamiento cuando debemos agregar a nuestro trabajo una fe absoluta. Una aplicación positiva de causa y efecto debe ser el principio que nos guía, sin tener dudas o temores de ninguna clase que oscurezcan los resultados. No riegues el suelo con lágrimas de duda. Las lágrimas son sal y matarán la vida

 

“Lo que es nacido del Espíritu es espíritu.” Y en primer lugar y con preeminencia en tu mente está el hecho que toda la obra se debe hacer en un plan mental. Debes ignorar en forma absoluta lo material. Haz tu trabajo a partir de un plano mental. Si es necesario, invoca aquella facultad no desarrollada que hay dentro de ti, pues tu primera obra debe ser completamente mental. Si trabajas en un caso de enfermedad, en primer lugar debes derrotar aquello en tu propia mente y en un plano puramente mental; luego traerlo a la carne y verlo manifestado. Si deseas una casa o un hogar, primero edifícalo mentalmente perfecto y abrásate a él como hizo Jesús. Se levantó allí y en el caso de Lázaro dijo: “Padre, gracias te doy por haberme oído,” antes que se hubiera hecho la más leve manifestación o demostración. El Señor terminó su obra mentalmente. Luego agregó: “¡Lázaro, ven fuera!”

 

Cuando utilizas tu Poder de Pensamiento, cuando reconoces esta tremenda fuerza, que obraba en toda dirección para Jesús, hasta controlar los elementos, entonces comenzarás a despertarte y te levantarás de entre los muertos a una gloriosa expiación con el Padre que está en tu interior. Comenzarás a hablar a un mar agitado por las tormentas en todos los asuntos y vendrá inmediatamente una calma que te probará más allá de toda duda que el poder correcto por fin obra. “Yo y mi Padre somos uno y el Padre está en el Reino, y el Reino dentro de mí, no tengo sino que conectar o contactar esta fuente asombrosa de poder conmigo mismo para ‘mover montañas’ y ‘calmar tempestades’.”

 

Jesús dijo: “¿Quién me tocó?” cuando percibió que había salido virtud de Él para sanar. Todos sabemos que simplemente tocar al Jesús físico no produciría más sanidad que si se tocara a un árbol. Pero Él estaba tan estrechamente adherido con el Padre “dentro” que en verdad era uno con Él en poder y el contacto con este poder corregía cualquier error que se acercara, de la misma manera como cuando se arroja algo al mar, se humedece, y participa de las condiciones del agua en la que cayó. Eso es inevitable.

 

Para mostrar aún más esta unidad con el Padre y darnos una idea de ese tremendo poder que es nuestro, dijo: “Soy la Resurrección y la Luz.” Se unía tan estrechamente con el Padre dentro de sí que usó el “Yo Soy”para hablar de sí mismo, pero sin referirse al Padre.

 

“En el hombre hay espíritu, y la inspiración del Todopoderoso le da entendimiento.”Dentro de ti hay aquel Espíritu que repentinamente romperá a través de tu pensamiento tan limitado, y cumplirá en un instante todo lo que has hecho por mucho tiempo (meses, quizá años) en el sistema viejo de buscar y alcanzar un poder fuera de ti.

 

Pero algunos declaran que Dios no está en tu interior, y con el mismo aliento manifiestan que ÉL es infinito y que está presente en todas partes. Este es un razonamiento sin ninguna esperanza cuando lo contemplas directamente y ves que una afirmación se opone a la otra. O bien Dios es infinito y está dentro de ti o bien hay otro que se encuentra en el sitio donde Dios no está. Sin embargo, Jesús no vaciló en decir dónde estaba el Padre. Simplemente lo definió como el que habita dentro del hombre.

 

“Todo es posible para el que cree.” ¿Qué significa esto? ¿Vamos a ir de año en año y aceptamos como verdaderas ciertas condiciones mientras consideramos otras como irreales, que no son naturales y esperamos? Nada es tan asombroso, nada es tan perturbador, nada es más destructor en la vida verdadera que esperar, cuando vemos que nada viene en nuestro camino. Hay centenares de miles que oran diariamente este principio desconocido de hacer que algo les suceda “que será lo mejor para ellos.” ¿Eres uno de aquellos que estudia, lee y espera? Entonces déjame decirte que tus resultados serán exactamente los mismos como si te sentaras a la vista del pozo y le pidieras al balde que se bajara para traerte algo de agua.

 

Todo está allí, tu suministro y la forma de conseguirlo, pero el poder que reside en tu interior, el Padre que está dentro, se debe llevar a un servicio activo para tener la certeza que los resultados son seguros y firmes.

 

Muy atrás en lo más intimo de la mente más humilde y debilitada hay un sueño de dominio. En los ensueños durante el día, se considera como el conquistador de toda situación, el amo de toda condición, es decir, triunfo y éxito en todos los aspectos. Querido lector, después de todo, esto es más que una imaginación. Es el espíritu del Yo verdadero que habla y procura ser admitido en tu vida visible. ¿Dónde se originan esos pensamientos gloriosos de dominio? ¿En la mente de otro? No, nacieron dentro de ti, es tu primogenitura que ha permanecido todos estos años envuelta en las telas de la ignorancia. Más allá de aquel fabuloso palacio se sienta un amo de trescientos esclavos. Él es débil y frágil, y entre todos los esclavos no falta quien lo podría quebrantar con la facilidad más grande. Sin embargo, y conscientes de su poder, criados en esclavitud y acostumbrados a la servidumbre, se recogen y se apartan lejos de la misma vista de su amo. De la misma manera con nosotros, este amo mortal en realidad nos debilita y a medida que ha permanecido allí con el látigo en la mano nos tiraniza mientras reside en nosotros aquel magnifico poder que podría romperlo en pedazos sin ningún esfuerzo consciente si hiciéramos uso de esta potencia.

 

Dominio, es el cántico de tu alma, dominio es el himno de tu vida; tal es la enseñanza del Maestro.

 

Cuando llegas a aliarte con este Padre interior, viene a ti una gran falta de egoísmo; el sentimiento que todo el mundo es tu hogar y no piensas más de señales de este precioso conocimiento y lo mantienes en una reserva que te gustaría conservar para tu propio uso personal, como si fuese una cierta cantidad de aire. Si hicieras esto, pronto te enfermarías y morirías; te asfixiarías en tu egoísmo, pues tu poder de nuevo se regresaría a las cadenas de los hechos materiales y el aire se envenenaría con el uso repetido. El egoísmo se debe arrojar al viento. Las puertas principales y más grandes de tu mente se deben abrir al mundo de manera que la humanidad pueda entrar y salir a voluntad. El amor debe irradiar a través de ti de tal manera que magnetizará tu misma vida para lo bueno. Le darás a todos los hombres, no con un fin personal y egoísta sino para la glorificación de Dios.

 

Ya no vas a insistir más en esto o aquello para mí; te desprendes de todo eso y vives en el absoluto. Guardas tus palabras como si seleccionaras tus semillas. Puedes criar rosas o abrojos, según tu elección, en el mismo terreno. Siempre puedes comenzar algo nuevo, y aunque en el terreno se poden las malezas, se pueden desarraigar y de una vez sembrar las nuevas semillas. Tal es la progresión gloriosa del hombre, siempre en flujo creciente hacia arriba y hacia fuera, siempre en procura de reunir ímpetus nuevos y frescos a medida que pasa a lo largo de la vida.

 

Que Sea

 

El registro de las mayores demostraciones en las Escrituras indica que todas fueron resultado de “Que sea.” Esto todavía es dominante y se oye en la tierra. La orden “Que haya luz,” todavía repiquetea a través de los tiempos, y continuará su reverberación hasta cuando ya no haya más sino luz. Aquí y allá, a lo largo del camino de la vida, uno oye esta orden y se coloca en posición para recibirla. Si es sincero y grave, toda su vida vendrá a ser “llena de luz,” y oirá la orden más personal: “Que así brille tu luz.” Más tarde, cuando la luz ha venido a nosotros, tenemos la orden: “Que haya en ustedes la mente que también estuvo en Cristo Jesús.”

 

¿Si captas todo el sentido de la palabra “que haya”? No implica lucha o combate, más bien se refiere a ceder. ¿Alguien alguna vez te dijo, cuando te esforzabas con algo, quizá movías algo pesado o un mueble: “déjame ayudarte”? ¿Recuerdas el cambio mental que tuvo lugar al aceptar este ofrecimiento? Precisamente se cumplió el fin deseado. Aun permaneciste activo e hiciste tu parte, pero percibiste la ayuda de un poder más fuerte que cooperaba contigo, y una corriente de gratitud, consciente o no, vino sobre ti y toda la carga se hizo más ligera.

 

Pero no siempre el vigor agregado que nos ayuda, se trata del sentido de cooperación que va por un largo camino hacia la luz. Una mañana un pequeño corrió hacia su madre que llevaba una ropa muy pesada y le dijo: “Déjame ayudarte, mamá.” E inmediatamente una sonrisa gentil apareció sobre el rostro fatigado, junto con una tierna mirada amorosa de gratitud en los ojos, y la carga se hizo más suave.

 

Cuando deseamos cooperar con Dios o más bien con quien está dentro de nosotros hay aquí el mismo aprecio y se expresa la misma gratitud, y nuestra carga se hace más liviana.

 

“Vengan a mí los que están agobiados y les daré descanso. Carguen mi yugo...y encontrarán descanso para su alma.” ¿Hay allí algo que sugiera lucha y preocupaciones? ¿Hay algo que sugiera quebranto del corazón y problemas en la voz que dice “aprendan de mí”? Simplemente olvida y perdona al mundo y descansa en Él. ¿Alguna vez le dijiste eso a un inválido? ¿Alguna vez oíste lo que dijo y viste el rayo de gratitud que salía a causa de eso?

 

Todos estos pequeños incidentes, aunque son mínimos, son índices que señalan a la relación verdadera y tierna de padre y madre que Dios tiene con nosotros, cuando no hacemos más sino obedecer sus órdenes.

 

Debido a esto toda la cuestión de la vida se simplifica y se aclara. ¿Qué importa entonces si nos hemos desviado en los caminos de la razón? ¿Qué interesa entonces si hemos dado pasos para pelear batallas con un mundo al que llamamos cruel? Ahora llegamos a la dulce presencia de la paz, descansamos en la paz perfecta, pues nada importa sino sólo una cosa: dejar que la luz que está en nosotros brille hacia delante; permitir que esa tibieza vaya a desleír el duro y frío material del razonamiento y a romper la cubierta de hielo que ha congelado el río de la vida en nosotros.

 

Y un día, cuando las masas pasen a nuestro lado, nos contemplarán vestidos y en nuestra mente sana y correcta, sentados a los pies de Jesús; entonces se darán cuenta que algo maravilloso nos ha sucedido.

 

Te unes en forma natural dentro de este estado del espíritu. Esto no se hace por la lectura de largos capítulos, o por seguir determinadas reglas; consiste en que te rindas y te coloques en las manos del Padre que está en tu interior.

 

Ahora bien, la próxima vez que tengas problemas o que estés preocupado, y cuando todo parezca que va mal y que te encuentras en medio de la batalla, haz una pausa por un momento y vuelve sobre este principio de razonamiento: “QUE SEA.” Casi en forma inmediata, a medida que tu mente llega a esa condición, vas a sentir que toda la tensión disminuye; ya no vas a estar más en las garras del pensamiento mortal que ata tu voluntad. Para respaldar todos estos argumentos con aquello que te posee, más bien que está dentro de ti y como sabes que eres uno con Él, de forma instantánea vendrá un poder nuevo y lo podrás usar. Dices entonces “Que sea la Luz.”vas a decirte: “Que esté en mí aquella mente que también estuvo en Cristo Jesús,” y vas a decir a aquel pensamiento mortal: “Vete; desaparece.”

 

Dios dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza.” ¿Dónde está Dios? “En el Reino de los Cielos,” respondes. ¿Dónde está el Reino de los Cielos? “Dentro de mí,” contestas, de acuerdo con la Biblia. Entonces, ¿qué es lo que se hizo a la imagen y semejanza de Dios? El hombre. Al hombre se le hizo según el patrón que se mostró en el monte. El hombre es el cuerpo espiritual construido por el Padre desde adentro.

 

El hombre y Dios, entonces, no son lo mismo, pues el hombre es la imagen y semejanza de Dios; y, recuerda, tu yo divino es uno con el Padre que está adentro. Ahora bien, llegas a un punto nuevo y vital. El hombre no eres tú. No eres hombre; sino que el hombre (cuerpo espiritual) es la imagen y la semejanza del Padre interior. Entonces, eso no es algo fácil para identificarte con este Padre y luego hablar a la imagen y semejanza, reflejo de Dios (Hombre, Cuerpo) que quieres ver manifiesto sobre el cuerpo. ¿Entonces no puedes tener un control perfecto del Hombre (cuerpo) y sanar a la falsificación (cuerpo material) de todas las enfermedades instantáneamente?

 

Todo esto vendrá a ti a medida que entras en la mentalidad de “dejar o permitir” al aliarte con el Padre interior, y manejar tu cuerpo como uno que tiene autoridad para hacerlo. Nada puede estar de pie ante una alianza tan poderosa.

 

Jesús, el que nos mostró el camino, no vaciló en hacer esto, lo dejó muy en claro cuando al hablar de su yo verdadero hablaba de aquel yo que estaba inconscientemente unido y en unidad con el Padre interior. Tuvo su cuerpo bajo control perfecto, y rehusó identificarse con el cuerpo material, incluso negó la paternidad material. Sabía que su cuerpo era un reflejo de lo que estaba en su interior y que eso, por tanto, estaba bajo el completo control de la mente de Cristo.

 

Junta esta cooperación maravillosa con tu Señor interior y resucita tu cuerpo de la tumba. Háblale y tráelo al estado natural, juventud, vigor, poder. Delinea sobre Él la hermosa imagen de la mente y trae a la luz tu individualidad divina.

 

Cuando el amor corre por tu mente, cuando amas, sin tener en cuenta la condición, cuando tu gran corazón te excita a hacer el bien sin mirar la recompensa, entonces electrificas tu vida; la cargas con un poder que no traerá sino armonía. “El amor es el cumplimiento de la ley.” Llena todo de Amor y ve cómo brota una esperanza y una promesa nuevas. Traslada tus amores materiales a lo espiritual. Purifícalos y elévalos. Reclama los lugares vacíos que se han vuelto resecos y áridos por la sensualidad, pues desfilan como lobos con la piel de cordero del amor. Quita la cubierta para que no te engañe. Tu Padre interior sabe al instante si el amor que tienes es de la bestia o del Padre. La serpiente del principio aún está aquí para tentar y para hacer promesas resplandecientes, pero en su despertar se encuentran la pena, el dolor, y la pérdida del Edén.

 

Ahora bien, esta “serpiente” no es algo que te espere. No es algo que te vaya a atacar desde alguna emboscada oculta; pero, cuando se reduce a su primitivo estado, simplemente es un mal pensamiento. La más grande tragedia en la historia en un tiempo no fue sino el más pequeño embrión en el pensamiento y en la mente de un individuo aislado. Si hubiera mantenido silencio, eso lo habría terminado.

 

De nuevo debes poner atención a todo lo que se te dice: vigila tus palabras, pues “de toda palabra necia deberás dar cuenta.” Todo el crecimiento verdadero viene desde adentro, tal como la urgencia de una semilla hace estallar la cáscara y sale; de la misma manera todas las acciones, todos los hechos cumplidos, etc., comienzan desde adentro y salen. Oye esto y ponlo en práctica.

 

Nada te viene sin algo, sea bueno o malo, pues todo comienza desde adentro, y se irradia por todo tu ser. En tu reino interior, “el lugar secreto del Altísimo” puedes realizar maravillas. Puedes comenzar el apoyo y el deseo de una demostración perfecta. Puedes mover montañas.

 

Querido lector, ensaya esto, trata con esta obra interior. Busca y persigue la paz del “lugar del Altísimo,” y encontrarás que toda promesa de los Salmos es verdadera. Pero esto sólo es posible cuando te das cuenta que es el Padre desde adentro quien hace la obra, y que eres conscientemente uno con Él, que el hombre (cuerpo espiritual) es el reflejo de este Señor interior que eres tú en control absoluto de toda situación, que ni el tiempo, ni el lugar, ni la condición, te pueden detener cuando estás aliado con el Padre interior.

 

No temas las predicciones tontas de los astrólogos o falsos profetas que dicen tener datos matemáticos para tu vida. Su doctrina no es más sino un registro de la mente material que interfiere con la divina, y que llegan a la nada, pues no tienen una causa legítima, y todo se resuelve en cenizas y polvo. Dios era antes de las estrellas, y es el poder con el que te has aliado. Él no subdividió este poder y, no te hizo estar bajo la ley de ciertos planetas nombrados por el ser humano.

 

No temas. Perdona, olvida. Renuncia a todas esa teorías materiales, y entra “en el lugar secreto del Altísimo,” unifícate e identifícate con tu Padre. Sigue como un conquistador, como un hijo del Altísimo. Esta es tu primogenitura.

 

El Que Peca Morirá

 

Para algunas personas el pecado es más terrible, aunque no les guste admitirlo, que el más odioso dragón o diablo que jamás se haya producido. Dicen con la misma voz que “es un estado mental,” y que es nada, pero se deben proteger contra esto. Para ellos es algo feroz que se levanta a través del reino y que de pronto ataca sin dar ninguna advertencia. Algunos lo llaman mente mortal, otros le dicen diablo, o satanás, pero todo es lo mismo, sin importar la etiqueta que le pongan.

 

El pecado en realidad no es nada más sino ignorancia. Se forma y se sostiene por la ignorancia, cree que tiene una razón para ser y solamente una. Pero tan pronto como se le mira claramente en y de qué es digno, sus fundamentos arenosos se derrumban.

 

Un hombre roba porque cree que tiene limitaciones. Muéstrale a este hombre que tiene todo tipo de sustancias en sus manos y nunca enfrentará más el azar y las posibilidades de ser capturado o muerto, como tú mismo. Simplemente es la ignorancia la que le apura pues ignora el hecho que Dios es el que suministra todo y que está próximo, bien cerca.

 

Un hombre puede matar, pues cree que al librarse de una persona ha cambiado una condición o ha quedado libre de una situación a la que se opone. Muéstrale cómo esta condición se puede cambiar o corregir mentalmente, y no tendrá más deseos de matar de los que tú o yo podamos tener.

 

Un hombre cae en adulterio porque ha aprendido mediante la ficción o la leyenda que eso es una expresión de amor. Muéstrale la pureza del Amor que mora en el interior y se regocijará en la conservación de su sustancia. Enséñale el proceso purificador, elevador, que reclama derribar las tendencias de la mente mortal o de la ignorancia y querrá volver a entrar de nuevo en el huerto del Edén. En lugar de contaminar la corriente de la vida y darle un trato inapropiado a sus puras aguas y convertirlas en canales fétidos, transmitirá esta sustancia en vitalidad espiritual y verá que el desierto va a florecer como una rosa. Vendrá dentro del Reino de la Regeneración y del Rejuvenecimiento. Renovará “su juventud como el águila.”

 

Sin embargo, es más que abstinencia; es necesario “levantar la serpiente” y convertirla en una vara sobre la cual inclinarse. Es un proceso para reclamar las regiones perdidas y dar vuelta a los falsos testimonios de los sentidos; para el deseo y la pasión falsificados está el poder espiritual y aquella urgencia que moverá montañas cuando se aplica moderadamente.

 

Pronto aprenderá que el Río de la Vida que fluye a través del huerto es algo hermoso, y su cuerpo toma aquella condición renovada y rejuvenecida de un huerto bien regado. Ve los frutos de sus trabajos, perfectos y maravillosos ante él. “Pero en mi carne, veré a Dios.”

 

No hay ninguna duda sobre la naturaleza del pecado original. Los estudiantes de la Biblia en todos los tiempos son de una sola opinión al respecto. Es una creencia en el poder que reside en el hombre mortal para convertirse en creador. Es creer que la materia puede venir a ser como Dios. Por mucho tiempo esto se ha tratado con indulgencia, que cuando vas a despertar a alguien de su estupor dice: “Déjame en paz; no puedes cambiar los hechos de la existencia.”

 

Es como el hombre que es borracho y está convencido que nunca puede vencer esta condición que se ha vuelto natural en él. Pero a muchos alcohólicos paso a paso se les ha sacado de su abismo para llevarlos a la gloriosa luz del sol, y nunca dejan de expresar su gratitud por todo aquello de lo que se les libró. De la misma manera, con el hombre en general, tan lentamente y con los mismos pequeños principios en que comienza a encontrar su vía de regreso al huerto. Qué regocijo, qué sentimiento feliz le viene cuando empieza esta obra gloriosa. La edad, el temor, la pena, la limitación y el decaimiento, ya no tienen más significado para él, el es libre, libre, libre, y se emociona con ese poder recién encontrado y que sólo hasta ese momento no era sino un sueño.

 

Ahora bien., la ignorancia, como todos sabemos en realidad no es nada más sino tinieblas. Ambas son etapas negativas y sin luz que desaparecen con la llegada de la luz. Cuando un niño comienza a aprender ciertas cosas dices: “Gradualmente pierde su ignorancia.” Pero no ves nada que desaparezca; más bien ves que el aprendizaje hace su aparición. Y después de haber alcanzado cierta fase de enseñanza, no puedes hacer algo así como “desenseñarlo.” No puedes enseñar ignorancia a una persona inteligente pues no tiene un mandato o poder legítimo. No es real en ningún sentido de la palabra, y es tan intangible cuando piensas en esta luz que desaparece por completo. Así es con el pecado. Cuando comienzas a ver qué preciosa oportunidad has desperdiciado, ya sea en la etapa material o mental, principias a desear por lo menos un cambio en lo espiritual.

 

Cuando empiezas a darte cuenta de esta maravillosa verdad nueva que está en el levantamiento de la serpiente en el desierto de tu cuerpo mortal, se convertirá en un bordón—sí, un verdadero báculo sobre el que te apoyes—y entonces sentirás de una vez que tiene lugar la regeneración. Tus ojos se abrirán, tus oídos oirán. Tu cuerpo tomará un sentir nuevo y más fino de salud del que habías tenido hasta entonces y hablarás con autoridad a los obstáculos. En resumen, encontrarás que has nacido de nuevo, que lo corruptible desapareció y que lo glorioso e incorruptible te cubre. Entonces y sólo entonces toda declaración de la Biblia se formará en una verdad para ti y podrás seguir sin pensamientos para el mañana y sin preparación de ninguna clase para la fuente eterna de todo lo que está en tu interior.

 

Cuando das cabida a las tendencias descendentes de la ignorancia, te arrojas en los ardorosos fuegos destructores del infierno, que se mencionan en las Escrituras. Sin embargo, sabes que Dios, presente dondequiera, está allí contigo en el fuego, listo para levantarte y darte un comienzo. Tus declaraciones deben ser constantes, firmes y sin vacilaciones: “Dios es perfectamente bueno y mora dentro de mí.”

 

Todos nosotros, los que buscamos la verdad, hemos comenzado el viaje al salir de la tierra de la esclavitud. Nos hemos regocijado con los primeros pasos de la libertad que fueron tan gloriosos y fáciles de dar. Pero luego, a medida que cruzábamos las ardientes arenas del desierto del pensamiento mortal, el clamor del sentimiento de la pasión barre sobre nosotros y caemos al pie del camino. “Demasiado, es demasiado,” exclamamos, “volvamos a Egipto, regresemos a nuestra esclavitud.” Pero no, peregrino. Levanta tus ojos del quemante desierto y mira hacia la tierra prometida que fluirá con leche y miel, e insiste, continúa. Dios te sostendrá, lo que está dentro de ti te alimentará y al final atravesarás el Mar Rojo de la Duda, y habrá una barrera insalvable entre tu persona y el pasado. Te recuestas contra el pasado, perdona y olvida; y sabes que al final tus enemigos—los malos pensamientos—se han consumido en su propio líquido, la mente mortal—el Mar Rojo.

 

¿Puede algo ser un pecado en alguna ocasión y no en otra? ¿Es la ignorancia en cualquier momento, bajo diversas condiciones, igual a inteligencia? Recuerda que toda la creación es primero mental. Su origen está en la mente y puede ser destruida o se la puede llevar a la luz. Si el camino al principio en este nuevo viaje parece un poco duro, recuerda simplemente: “Estaré siempre contigo, hasta el fin del mundo.” Esa presencia te guiará, te instruirá y siempre estará allí para sostenerte.

 

“¿Por qué ustedes me dicen Señor, Señor, y no hacen lo que les digo?”

 

¿Qué es el Señor sino Principio o Ley? ¿Por qué clamas por principios, si esperas desobedecer sus exigencias? No puedes esperar y clamar, y luego levantarte neciamente en espera de que todo resuelva tu problema.

 

Muchas son las promesas de bendiciones que vendrán a nosotros cuando nos neguemos al yo y “levantemos un estandarte para el pueblo.” Para aquellos que hacen esto, es la promesa: “Tu juventud se renovará como el águila, y remontarás como sobre sus alas.” Si el hombre es espiritual, sus deseos deben ser de la misma manera espirituales, y de esto se deduce que sus hechos también serán espirituales y esta es una buena medida por la que debemos medir nuestros pensamientos. ¿Es espiritual este deseo? ¿El mismo Jesús habría tenido este deseo y lo habría aceptado como verdadero? A medida que el pecado se encoge en la puerta del templo, también lo hace en las puertas de aquellos que son conscientes de levantar el estandarte. Pablo amonestó para que nosotros “contendamos lealmente,”y cuando hagamos esto seremos coronados. “Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible.”

 

La auto negación no te robará ni te engañará, ni te privará de todo lo que vale la pena. Sólo te apartará o te ayudará a ceder lo irreal por los gozos reales, lo falso por lo verdadero. Jesús venció los apetitos carnales hasta el punto de levantarse de entre los muertos. Crucificó o descartó la creencia en un poder aparte de Dios y que reside en la materia. “Si alguno viene tras de mí, que se niegue a sí mismo.” Las negativas borran la delgada cubierta de la ignorancia o del pecado, y en su lugar afirman la fortaleza, el vigor, de la Sabiduría y la Verdad.

 

Algo que ayudará en la victoria es destruir el falso testimonio de los sentidos que ustedes son hijos de hombre material. “No llamen a nadie Padre.” Dios es nuestro Padre y está dentro de nosotros listo para servir al máximo de su ley en nuestro favor. Si reconocemos sólo un Padre espiritual, no tendremos las cargas de las leyes de una paternidad o generación material o de pecado, pues nuestros deseos vienen del Padre y junto con nuestra herencia son espirituales.

 

Únicamente mediante el proceso de la regeneración el cuerpo resucitará de los muertos. “Levanta un patrón para el pueblo.”

 

Ven, Razonemos Juntos

 

Todo lo que tengo es tuyo—toda la luz del sol, todo el aire son tuyos; pero nunca se te ocurrió que los almacenarías para uso futuro, ¿verdad? Nunca pensaste que tratarías de meter en una caja la luz del sol y el aire fresco y guardarlos para empleo posterior, ¿no es cierto?

 

Claro que no. Siempre estuviste de acuerdo contigo mismo y con todos los demás que era una gran posesión impersonal para el uso de todos. Y no hiere tus sentimientos si otro utiliza más aire que tú o que un niño juegue todo el día en la luz del sol mientras apenas estás en ella por unos pocos momentos. Dices: “Para todos es el uso,” y siempre habrá cantidades para mañana, y para el otro día y así sucesivamente.

 

¿Sabías que la misma vida que manifiestas es precisamente impersonal y que no podría guardarse en una caja y almacenarse lejos? Sólo se puede usar y como el aire y la luz del sol es gratis para todo. No es tu vida. No tienes hipoteca o una pequeña parte de ella. Viene del espíritu que todo lo llena que es vida y en el que vives y te mueves y tienes tu ser.

 

Y es fresca y nueva cada mañana, tal como el día es fresco y nuevo. Nunca se detiene, ni enferma, ni es débil o inútil. Pero cuando el hombre procura imponerle un acta de posesión personal, por lo general encuentra que esta idea de la vida se estanca. Inmediatamente es presa de mil y un temores que algo le va a pasar a su salud. Todo lo que ve son enemigos para su salud—el aire, el sol, el viento y así queda sitiado por miles de temores que se ríen de su tortura.

 

No temes que nada vaya a herir el aire, que el humo que rueda de una masa de humo va a rodear por entero la tierra y consumir todo el aire. La vida es tan impersonal como el aire, porque es infinita.

 

Dices que tu agudeza visual disminuye, que tu oído está mal. No tienes ningún oído o ninguna vista de ti mismo empeorando, pero has procurado colgar sobre una parte de ello, en lugar de soltarlo y dejarlo ir con toda libertad de tu mente, y emplearlo para tu placer, tanto como quieras, y ahora todo lo que queda es sólo una simple sombra de la sustancia verdadera de la salud, y esta sombra de la que cuelgas, está cercana a caer en pedazos.

 

Déjate ir, relájate, y conoce que así como el aire pasa a través de la pantalla, y la luz del sol atraviesa el cristal, del mismo modo la salud pasa a través de tu conciencia, y que no es tuya, sino Mía, mas todo lo que tengo es tuyo para que lo uses.

 

“Que no se haga mi voluntad sino la tuya.” Si su voluntad se va a hacer, entonces su voluntad debe estar en nosotros, en nuestra conciencia, y en su voluntad tenemos abundancia de todo cuanto necesitamos.

 

“El Señor está en medio de ti.” “El Señor está en su santo templo, que toda la tierra (el cuerpo) se regocije.” El Señor en tu conciencia hace que todo el cuerpo (la tierra) se regocije; ¿te puedes imaginar el regocijo sin un flujo de luz (o salud y felicidad)?

 

“Sea la luz” ¿no sugiere acaso tediosas horas dedicadas a tratar de conocer la verdad (o la luz)? Más bien habla de un paso para dejarse ir, de modo que “Sea” se pueda manifestar.

 

Personalmente no posees nada. Cuando alguien lleva diez mil dólares al banco ¿consigue los mismos diez mil dólares cuando los pide? No, quizá nunca ve un centavo de esa cantidad en dinero de nuevo. Puede hacer un cheque por todo o dividirlo en pequeñas tiras de papel. Todo lo que tiene en realidad es la idea de suministros hasta la cantidad de $10,000.00.

 

La sustancia informe de la mente es todo lo que hay alrededor tuyo. De esto puedes retirar lo que sea necesario para tu felicidad. Jesús lo hizo así, pues alimentó los cinco mil, y lo sacó de este inagotable suministro a fin de repartirlo. Lo utilizó tan libremente como quiso y escogió pero aún permanecía la plenitud. “Las obras que hago, ustedes también las harán.” Esto nos recuerda que Él llamó la “sustancia de las cosas que se esperan; la demostración de las cosas que no se ven” (con el ojo material).

 

Entonces aprende a despersonalizar todo. Utiliza esta grande y abundante salud tan libremente como lo haces con el aire, sin pensar nunca que es mi salud, sino que es salud tal como el aire. Déjala fluir de nuevo en tu conciencia. Que corra dentro y fuera, llena del resplandor de la mente eterna (luz). Déjate ir; relájate; ríndete; y que “Sea” todo lo que venga a ti para emplearlo.

 

El Padre Dentro

 

“Todo el mundo es como un enorme cristal esta mañana,” dijo Jetro mientras él y Abdallah andaban a lo largo de la estrecha y retorcida senda que llevaba al pequeño viñedo de la colina. Al decir esto, tomó una de las largas hojas de un bananero y sacudió una miríada de diamantes cristalinos. “Cada uno de ellos parece contener todo el mundo, captar impresiones desde todos los ángulos y reflejar un aspecto o color distinto desde dondequiera que se vea. Todo el exterior aparentemente contribuye a este maquillaje.”

 

“Eso se debe a lo que está dentro,” respondió Abdallah. “La pureza del rocío hace posible capturar y mantener estas miríadas de imágenes. Una gota de agua fangosa no lo haría.” Después de todo ves que se trata de un proceso que obra desde el centro a la circunferencia. Tal es precisamente el estado del hombre. Todo debe venir de dentro hacia fuera, pues el Padre mora en el interior.

 

Muchos hay que buscan lo externo, con mentes tan opacas o tan oscurecidas como la gota de agua turbia por el barro, sin darse cuenta que para ver afuera y ver la realidad de las cosas, deben primero volverse hacia dentro y aclarar sus mentes. Buscan en toda localidad menos en la correcta para el Reino de los Cielos, la felicidad o la armonía, sólo para volver fatigados y deshechos, para hallar que está dentro de sí mismos, y que era el sitio de más fácil acceso en el mundo. Han salido como pródigos, en búsqueda de la felicidad y la indulgencia; han vuelto saturados con la materia y enfermos de las cortezas materiales. Y dentro el Padre, aún en espera, se regocija cuando ve a su hijo “de lejos.” Sin embargo, sin ser atendido ni entendido, se encuentra el pasaje donde se lee: “El Reino de los Cielos se ha acercado, está dentro de ustedes.”

 

Pero no todos son hijos pródigos. Hay algunos sinceros buscadores de la verdad, hay otros que se llaman a sí mismos obreros o trabajadores en la verdad e insisten en “conocer la verdad acerca de toda situación en la vida” pero que por lo general andan en círculos una pocas veces y repiten una y otra vez ciertos trozos de cosas aprendidas para después caer en un sueño mortal. Y algunos de los ardientes buscadores tienen dificultades para encontrar a Dios y establecer contacto con Él, pues olvidan la admonición: “seguir tras Él.”

 

¿Cuán imposible sería ir tras un Dios que está alejado en el infinito o fuera de nuestro alcance mental? Pero con cuánta persistencia el Maestro nos amonesta a “mirar dentro,” a “ir tras Él,” a “estar quietos y saber;” todo esto indica que Él se ha acercado. El famoso poeta inglés de la era victoriana, Lord Alfred Tennyson dice: “Más cercano está Él que la respiración, más cerca que las manos y los pies.” Y otra vez se nos dice que “El Señor está en su santo templo.” ¡Qué es el Templo?

 

Jesús dijo: “El Padre dentro de mí, hace las obras.” Y también: “Yo y el Padre uno somos.” Asimismo afirmó: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre.” No hay ambigüedades ni dudas acerca de dónde está el Padre; sólo cuando aprendemos de esta cercanía, conscientemente podemos cooperar con Él, y hablar, “como uno que tiene autoridad.” ¿De dónde vendría aquella callada y pequeña voz si el Padre no estuviese dentro? ¿Vendría de fuera, del espacio? “Lo que se dice en secreto se proclama desde las azoteas.” La silenciosa vocecita que habla en el silencio del corazón, se manifiesta tan visiblemente que su verdad se declara desde las azoteas. Nada hay de extraño en esto. Cuando escuchamos esta voz, cuando conscientemente nos comunicamos con el Padre, somos profetas, somos videntes y hablamos la Verdad desde una fuente inspirada. “No necesitas sino abrir la boca,” y se tendrán las palabras necesarias.” Todo hombre es su propio maestro, es la lección que aprendemos de las Escrituras. Comenzamos a darnos cuenta que dentro de todo hombre se halla la fuente de la sabiduría, de donde fluyen manantiales de enseñanzas y razonamientos puros. Un hombre no puede sanar, pero en cambio puede enseñar y viceversa.

 

“Vine a los míos y los míos no me recibieron.” Tal es el estado del Padre interior. Vino a nosotros, pero en cambio le buscamos en la lejanía. Tratamos de conocer la verdad al pensar de Dios como enteramente por fuera de nuestro propio yo. Pregúntate: “¿Cuándo pienso en Dios, precisamente dónde pienso en Él?” Sé justo contigo mismo y responde, no con unos términos de forma metafísica que empleas para destruir tus propósitos. Habla con toda candidez e ingenuidad para ti mismo, y observa dónde le has localizado. Centenares me han hablado de Él como de lo alto, y casi todos como fuera de sí mismos. Pero leemos: “El Padre dentro de mí hace la obra.” ¿Hay alguna duda sobre la localización del Padre?

 

Cuando nos damos cuenta que el Padre está dentro de nosotros, qué seguridad tan dulce y que paz mental las que vienen. Sólo tenemos que volvernos a Él y recibir. Habrá un sentimiento elevado y nuevo hacia aquellos que aprenden a decir “Padre,” cuando se dirigen a Él desde el interior, en lugar de hacerlo desde fuera. Hay un proceso de edificación y fortalecimiento que se levanta, junto con una calmada certeza que “Él se ha acercado en el momento de la prueba.” Si la duda o el temor te dominan no hay sino un momento de demora hasta cuando entras en su presencia y te separas de la “pestilencia molesta.” Inmediatamente reconoces que está cerca para bendecir, y nos hacemos conscientes de su presencia y ya no estamos más solos alimentándonos entre las “bellotas o algarrobas” y en cambio recibimos “bendiciones en lugar de la maldición” y éxito en vez de fracaso por nuestros esfuerzos.

 

Actualmente cuando llegas a captar y a reconocer más y más que el Padre se halla en el interior, también sabrás que eres hijo en el verdadero sentido del término. -“Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia”- será la rápida respuesta cuando dices “Padre” conscientemente y te vuelves a Él en el interior.

 

“Tengo la certeza que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo bajo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro.” Ahora te das cuenta que tal cosa puede ser posible y por qué.

 

Recuerda entonces que el éxito de tu vida depende de la alianza positiva con el Padre en el interior. El reconocimiento positivo de su presencia. La adhesión y el depender positivo al estado de conciencia “está hecho,” resultará en el cumplimiento absoluto cuando todo lo demás falle.

 

Una realización más clara del Padre interior lleva al hombre a entender que es un instrumento “hecho de una manera formidable y maravillosa”sobre el cual el aliento del Infinito da ímpetu a la concordia y a la armonía más suaves. Es un proceso sin egoísmo, generoso, donde hay renunciamiento y confianza en dejarse ir al volverse incondicionalmente al Padre en búsqueda de guía, con fe absoluta pues “Es fiel el que lo prometió.”

 

“Mira este perfecto racimo de uvas,” siguió Abdallah, mientras elevaba un magnífico ramillete de fruto maduro. “Perfectos trozos” de sustancia. Hay una medida inmensa de jugo contenida allí. ¿Pero, de dónde vino, pues sólo hace unos pocos meses ni aun era visible una hoja verde en la vid? ¿Dónde estaba este precioso racimo de fruto el último invierno?” Lo dejó caer en la gran canasta de la silla puesta sobre el surco. Es como una casa en la lejanía. Primero existió en la mente y se hizo manifiesta por la cooperación de poderes mediante un canal dado. Si se fuera a destruir la casa, estaría aún viva en la mente de su creador y se podría volver a reproducir. Y así el plan total de la existencia se divide en tres estados o etapas de progreso: Mente, Idea, Expresión. La idea toma forma tangible a través de la expresión. De este modo resolvemos las cosas en el pensamiento. Las llevamos seguidamente de regreso a la idea, luego a la mente, y entonces se vuelve fácil de este modo construir de nuevo o destruir las cosas o condiciones.

 

Toma por ejemplo un queja de enfermedad que se manifiesta en el cuerpo en alguna forma repugnante. ¿Cómo podemos erradicar esta cosa en apariencia verdadera al decir que no existe? Primero, pregúntate de dónde vino, y encontrarás que primero fue una idea, y detrás de la idea estaba la mente, que en este caso era mortal y de por sí irreal. Luego puedes destruir la idea de la mente porque la mente mortal misma que la formó no es real. Este proceso de disolver las cosas en el pensamiento te hará un verdadero vencedor. Tus condiciones que son erradas y malas fácilmente se reemplazarán en ideas y se rastrearán hasta la mente, así se pueden destruir.

 

Cuando desarrollas una idea en una expresión que es buena, sacarás ímpetu de la fuente divina y la llevarás a sí misma desde el exterior.

 

La ley de causa y efecto siempre obra y nunca falla y este principio o regla incambiable se falsifica en lo material, de modo que la ley material de causa y efecto que no es sino una falsificación de la ley espiritual es confiable en sus resultados.

 

Si plantas malezas, no puedes esperar por alguna inesperada interferencia del amor que se produzcan rosas. Lo semejante produce lo semejante es la ley que es cierta para la mente y sus operaciones.

 

Y así como tomamos nuestra posición correcta con el Padre interior, de nuevo debemos salir del lejano país de la preocupación y del cuidado, pues sobre nosotros se pone la túnica, el anillo, el círculo de lo interminable, el perpetuo amor, deslizado sobre el dedo que señala hacia arriba. Una relación nueva y gozosa surge entre el Padre y el hijo, una fe alegre, infantil, toma posesión del hombre, que es capaz entonces de acostarse y descansar sobre pastos delicados y verdes.

 

“Padre,” “Padre,” qué sonido tan suave se produce cuando se exhala silenciosamente desde adentro. Qué sentimiento de calma y sosiego que lo pone a uno a salvo de “las asechanzas y trampas” del enemigo. Qué seguridad en las tensiones de la tormenta y la preocupación. “Padre.”

 

Tu Yo Soy

 

Uno de los puntos más confusos, y quizá más oscuros, para el estudiante avanzado de la Verdad reside en distinguir entre el yo divino y el hombre mortal. Entre la personalidad y la individualidad; entre lo que es y lo que parece ser. Lo aplastan preguntas de su propia mente y de los demás. ¿Qué es el hombre? ¿Qué es la personalidad? ¿Qué es el cuerpo espiritual y qué es el cuerpo material?

 

Entre los desperdicios de una tienda que quebró se encontraba un lienzo, oscuro y mohoso que ofrecía al mundo sólo un trocito de paisaje. Un día mientras el anciano dueño lo examinaba, notó un leve y débil bosquejo de algo bajo la superficie. Se puso a analizarlo, retiró la delgada capa de barniz de la superficie y encontró que estaba en posesión de una valiosa pintura. Había estado allí todo el tiempo y la había ofrecido por menos que nada pero nadie la quiso comprar en la subasta. Sin embargo, la investigación demostró que contenía no sólo una fortuna, sino algo de una belleza sin par. Alguien, abrumado por el abuso y el maltrato, con una idea distorsionada de su capacidad, había cubierto la valiosa obra, la ocultó del mundo, y dejó solamente su pobre esfuerzo.

 

Esto no es semejante al hombre espiritual. A veces se halla sólo bajo una capa delgada de materialismo. No que esté oculto en el cuerpo material, sino que se encuentra oscurecido de la vista por la razón del pensamiento material que ha puesto sobre él una imitación barata del hombre verdadero.

 

También entre los desperdicios de la tienda había una vieja caja, barnizada y burdamente cubierta de laca. Bajo esta superficie estaba el sólido roble que había permanecido en perfectas condiciones por años, a pesar de las numerosas “manos” de barniz, y diversas pinturas que le habían aplicado al exterior.

 

Lo mismo acontece con la personalidad y con la individualidad. Ésta es de Dios y permanece perfecta e intacta aunque la personalidad la puede cubrir y oscurecerla por completo de la vista. Pero en realidad el hombre espiritual permanece sin cambios y virtualmente sin años. La delgada capa de la personalidad con toda facilidad se puede raspar o cambiar. Puede ser delgada o gruesa. Está sujeta a cambio constante. La personalidad soporta la máscara, nos da una idea verdadera de su falsedad y de la disposición con que puede cambiar. Todos los días la mente mortal asume un carácter nuevo. Un día se trata de un hombre enfermo que se reclina sobre un lecho de dolor; al siguiente es un pobre que padece bajo los lazos de la casi indigencia. Mañana puede ser un varón de dolores, preocupaciones y cuidados, sujeto a accidentes o a un montón de leyes inmisericordes que le abruman a cada paso. Y de esta manera la danza de la personalidad, o de la existencia material, sigue siempre cambiante. Aquello que se creía y se practicaba ayer, hoy es motivo de burlas y risas. Qué contraste entre las dos: la individualidad siempre la misma, incambiable, para siempre intacta, sin que la perturben todas las costumbres e ideas materiales que cambian de modo constante.

 

Por último el hombre descubre que a medida que la capa superficial se gasta, se revelan manchas de verdadera belleza. Descubre que el acabado natural y suave del tablón bien maduro es mucho más deseable y permanente que una superficie barata, sujeta constantemente al desgaste y a las devastaciones del exterior y al final él mismo procura liberarse de la personalidad pretendida y fea que durante tanto tiempo ha mantenido en oculto la naturaleza preciosa de su ser divino.

 

Hoy encontramos el mundo lleno de asombrosos descubrimientos—cómo podemos desarrollar la personalidad, el magnetismo, el control, etc.,—que no son otra cosa sino sistemas para introducir una capa más espesa de irrealidad que más pronto o más tarde encuentra su Waterloo y queda en derrota a causa de su naturaleza cambiante. Cuán placentero es encontrar un hombre, como profesional o en la vida civil que no sea pretencioso sino sincero y genuino y que deje brillar su alma a través de la máscara de la personalidad, hasta el punto extremo que todo se cierre alrededor. Hombres así fueron Emerson y Ruskin.

 

La personalidad se puede cultivar, estudiar y aun comprar en cursos de lecciones. Podemos lograr la personalidad exacta o una semejanza muy cercana a la que deseamos; en cambio, la individualidad es distinta y diferente. No podemos hacer nada para cambiarla porque es una eterna idea bien distinta y que está desde siempre en la mente del Padre Celestial. Lo único que podemos hacer con la individualidad es “dejar.” Permitirle que se exprese y se haga al lado, fuera del camino de nuestro yo divino, a fin de permitir a este divino Yo Soy, o individualidad, salir a la superficie; es la única forma en que podemos estar actualizados y conscientes de nuestro yo (ego, ser) verdadero.

 

Todo cuanto este divino yo requiere para expresarse al máximo, se le suministra pues tiene un ímpetu divino. De modo natural y fácil hace la tarea que se le ponga delante, sin esfuerzo y sin movimientos elaborados. Como un ventilador eléctrico se mueve sin considerar la fuente de su energía que puede estar a centenares o miles de kilómetros, en alguna corriente de la montaña, y la energía así transmitida a través de un canal u otro al fin hace mover las aspas del ventilador o da luz a alguna habitación. La individualidad cumple fácilmente la tarea que tiene por delante y se mueve arriba o abajo, vence todos los obstáculos y acepta el suministro que necesita, sin preguntar jamás o sin fijar un canal definido por cuyo medio ha de llegar.

 

Ahora bien, esta individualidad, o divino yo, es la expresión más elevada de Dios, del bien, y se le da dominio sobre todo el mundo. Es el “Yo Soy el que Soy,” y es capaz de todo.

 

“¿Acaso no saben que su cuerpo es el templo del Espíritu Santo?” No el cuerpo material, cambiable, derivable, la personalidad o el hombre mortal, sino el espiritual, individual, divino Yo Soy, es el templo del Dios viviente. Como la vida y el alma son uno y Dios es vida, se deduce que Dios es la influencia animadora o vida del hombre, y habita en esos templos espiritualmente individuales del Dios viviente. No es de extrañar entonces que se les haya dicho: “Hablen como quien tiene autoridad.” Es divinamente posible hablar con autoridad cuando llegas incluso a una conciencia parcial que el poder que te respalda es tu Yo Soy.

 

“Si ustedes permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pueden pedir lo que quieran y se les hará.” “Determinarán algo y se hará.” Ninguna cosa buena Él les negará a los que andan rectamente. Porque el Padre sabe que necesitan estas cosas. Si dejamos que nuestra luz (o individualidad) salga a la superficie, estableceremos mejor la morada o Templo (cuerpo) de nuestro Yo Soy, y experimentaremos gradualmente menos ansiedades, preocupaciones y cuidados.

 

Practicar a Cristo no es tan difícil cuando dejas de considerar que Cristo se acerca constantemente en procura de tener una audiencia contigo. El indicador del camino está allí para guiar a toda la verdad. “Estoy a la puerta y llamo” a la puerta del corazón humano. Yo Estoy pacientemente ya allí en espera de una audiencia para guiarte a todas las cosas.

 

Cuando la ostra que no piensa recibe en su interior un grano de arena, sufre con ese cuerpo extraño hasta cuando lo cubre con una sustancia preciosa, y de cada problema hace una perla. También nosotros, a medida que vamos por los caminos de la vida, podemos aprender a hacer perlas de nuestras pruebas, y rehusamos renunciar a ellas hasta cuando la lección llegue a nuestra casa con una perla luminosa de verdad.

 

El Pensamiento Correcto

 

¿Alguna vez has tenido una ensoñación donde te has visto como el que recibe una demostración portentosa, de tanta maravilla que todo tu pequeño mundo se inclinaría cuando pasas y diría: “Este es el hombre que hizo la demostración y que sanó cuando los médicos y los especialistas decían que era imposible?”

 

¿Alguna vez pensaste que si algo asombroso, una señal como esta te vendría, inmediatamente tomarías la cruz y saldrías por los caminos a predicar? Sí, a predicar, tanto literal como figuradamente, y ¿que ibas a ser un discípulo tan poderoso de la verdad que traerías miles al arrepentimiento y a la aceptación?

 

Pero después de este instante de exaltación y de soñar despierto, regresaste a la senda de un razonamiento más sano para seguir de nuevo tu camino. Y a medida que pesabas tu repentino ascenso a la cima de la montaña, comenzaste a ver que nada había que sostuviera tal demostración. Puedes suponer que de repente pasas a través de una experiencia así llamada milagrosa sin haberla trabajado o sin tener la preparación necesaria. ¿Qué sucedería cuando comenzaras a predicar por los caminos? No tendrías comprensión suficiente para sostener tus reclamos y tu demostración y los hombres que pasaban dirían: “Fue un milagro,” y tu demostración no tendría más efecto sobre ellos que las demostraciones de Jesús hechas hoy a muchos.

 

No que las muchas demostraciones instantáneas no se hayan hecho. No que no se puedan hacer, sino que la regla general es tan bellamente natural y necesita que cada paso se dé en forma tal que el fundamento sea perfecto y el único medio es el Pensamiento Correcto.

 

“He oído todo eso antes,” dices. “También yo,” es la respuesta; pero sólo cuando tomas conciencia de lo que es, comienzas a verlo con una luz enteramente distinta.

 

Cuando principias a darte cuenta que cada vez que sostienes un pensamiento correcto, disminuyes la suma total de errores, entonces empiezas a ver lo que significa “Orar sin cesar, y Velar, Vigilar, Velar, sin descansar.”

 

Este orar sin cesar no implica que debemos ir por todas partes con los rostros bajos, o sentarnos en silencio con los ojos cerrados. Quiere decir que debemos responder a la mentira cada vez que nos venga, ya sea en nosotros mismos o como idea de alguno.

 

Principias a darte cuenta que “Este es el Reino de los Cielos” precisamente aquí—en esta misma tierra—y como empiezas a corregir las mentiras al echar atrás el error, comienzas a ver la verdad de todo, y todo es hermoso y grande y no querrías siquiera abandonarlo, y te preguntas ¿por qué? Principias a corregir las mentiras que te vienen, y como permaneces en el centro de tu reino de los cielos, que se extiende en todas direcciones a partir de ti, justo hasta la extensión que eres consciente de la distancia del infinito, entonces sabes que tienes un concepto perfecto de los cielos, y nada sino lo que es perfecto podría pasar a través de tu reino. ¿No parece esto natural y razonable? Entonces, mañana en la mañana, si un caballo cojo va por ahí, piensas “pobre” o lo pensarás.

 

Vida es poder y todo lo que manifiesta Vida manifiesta poder y entonces lo despides de tu mente. Ahora bien, desde luego, cuando principiamos este proceso no podemos ver que tienen lugar de una vez todas estas sanidades instantáneas. El caballo puede cojear por días, pero cada vez que echas atrás una mentira, disminuyes la suma total del error tanto para ti, como para el caballo.

 

Si ves que dos muchachos pelean dirás: “Se les debería castigar o detener o uno es fuerte y el otro débil” o sabrás que no hay sino armonía en tu reino de los cielos y que no puede tener lugar ningún disgusto.

 

Si pasas por un día simple como este, antes que caiga la noche comienzas a ver un cambio magnífico. Los mismos árboles que has visto serán más gloriosos, los cielos más azules, el canto de las aves será más armonioso, y en tu corazón estará la melodía silenciosa que se alegra con la bendición: “Bien hecho, buen siervo y fiel.”

 

Cuando la verdad se echa atrás es una mentira y viceversa; al principio esto parece ser un estupendo trabajo y sientes que podrías hacer poco con él; entonces, simplemente echa atrás esta idea de desánimo y hazla vibrante con el gozo del cumplimiento.

 

¿Qué hay en tu casa que no querrías en el reino de los cielos? No condenes, bendice, ora, se levanta por una idea y si se bendice y alaba aparecerá la manifestación de lo mejor. El niño a quien se alaba, hace dos veces si se le compara con uno a quien se desalienta. Tu cuerpo es un niño que espera oir la voz de alabanza o de condenación de la mente. Si le dices: “No puedes hacer eso, estás asustado, estás enfermo, eres débil, eres pobre” ¿qué puede hacer el pobre cuerpo? Como es inútil para hacer algo; entonces, desecha todos esos pensamientos negativos como las películas que pasan por la pantalla de cine.

 

Hemos oído que los pensamientos son cosas, y si podemos sostenernos en esto no proyectaríamos ninguno de ellos, pues no queremos verlos manifestados. Si echamos sobre el cuerpo pensamientos de enfermedad, más pronto o más tarde veremos que esos pensamientos se convierten en cosas y la única manera de vernos libres de tales “cosas” consiste en resolverlas como pensamientos, corregirlas y despedirlas. Cuando se las desecha, se destruyen y puedes decir al cuerpo: “Vete y no peques más.”

 

No dejes que la importancia de este desliz pase por tu lado—principia ahora mismo con el proceso correctivo. No dejes que a los demás les pase algo que no quieres que te suceda a ti. No creas en el fracaso para una de las ideas de Dios si no la quieres ver en ti mismo, porque lo que es posible para tu hermano, también es posible para ti. “Por tanto, sé perfecto así como tu Padre es perfecto.”

 

¿Dónde está tu Padre? Mira en el NT y encuentra dónde Jesús lo localizó. “El Padre dentro hace las obras.” Lo tenía a la mano, precisamente dentro del alcance, y tenía la certeza que “Hace las obras,” y además estaba seguro de su identidad: “Yo y el Padre somos uno”—se identificó siempre con el Cristo o el Padre interior y dio poca o ninguna atención al Jesús de carne, sabiendo que se cuidaría de sí mismo si las obras interiores iban bien.

 

Cuando un auto se detiene, los hombres no se apresuran a ver si las ruedas se mueven o no—por lo general buscan en otra parte el problema, y de la misma manera, cuando encontramos un así llamado enfermo, el frotarle una loción o darle un medicamento puede o no curar (aunque a veces parece que ayudan temporalmente). Debemos hacer que la mente retroceda, resolver el problema en pensamientos, y al destruir el pensamiento malo, entonces el cuerpo se cura por completo.

 

“Pidan y recibirán” no significa que tan sólo podemos hacer una petición y obtener su cumplimiento. Muchos niños lloran por pedir la luna. A menos que estemos fundados en la verdad, no sabemos qué pedir, ni para qué ni cómo pedir, pero el eterno e inextinguible origen de todo bien siempre nos da mucho más de lo que posiblemente podemos aceptar, pues da del infinito. “Cree, piensa, cree,” nos hace conscientes de la condición ‘quieres’ y se convierte en conciencia de la salud perfecta como cualidad del Padre interior, pues nunca volverás a sufrir otra vez de enfermedad. Toma conciencia, haz una pausa de un momento y ve si eres consciente de algo. Quizá tienes conciencia que eres dueño de un hogar, lo sabes, lo sientes, lo posees y hay noticia de él desde tu mente. Vas a una ciudad o pueblo distante y la visitas; tienes contigo la conciencia del hogar, y te dices “Regresaré al hogar.” Ahora bien, si no tuvieras conciencia de hogar, nunca serías capaz de encontrarlo. Y lo mismo es cierto de todo lo demás. Para tener salud, debes tener conciencia de la salud; espiritualmente debes tener conciencia de tu riqueza antes que puedas tener riqueza; debes ser consciente de tu poder antes que puedas ser poderoso.

 

Antes que pierdas tu sensación de temor a ahogarte, nada es tan terrible como el pensamiento del agua profunda, pero después que aprendes a nadar y vienes a ser consciente de tu habilidad, nada es tan agradable y placentero como el agua bien profunda. Lo que en alguna oportunidad pareció llevarte hacia abajo, cuando se entiende como flotadores que te llevan hacia arriba te hace más fácil nadar. Esto es cierto en toda condición de la vida.

 

La ignorancia te saca de tu dominio y control. Te toma de la mano y te lleva a través de los valles oscuros del temor y del pecado. El dominio es tuyo, el dominio es la habilidad que te da Dios para conquistar  todo lo que se hace por el pensamiento. Nadie puede nadar en lo físico si no sabe cómo hacerlo en la mente. Si un bebé supiera cómo andar mentalmente lo haría desde el principio, pero no tiene conciencia de su poder, ni tampoco poder de locomoción; pero tan pronto como se hace consciente de esto, anda, habla, y vence.

 

Piensa en un hombre que está en una isla desierta con un bote lleno de alimentos enlatados, sin abrelatas ni ningún instrumento sino sus manos para abrir la comida. Puede morir de hambre en medio de la más rica y abundante provisión de comestibles. Y así les pasa a muchos cada día. Saben que la fuente inagotable de todo derrama sobre ellos suministro ilimitado pero no han conseguido la “llave” o “abre latas” para poseerlos. No es de extrañar que no los puedan abrir. El principal pensamiento en su interior es “No es para mí;” “No puedo.” “Otros lo logran, pero es demasiado hondo para mí.” “Trato, pero siempre fracaso,” sin darse cuenta que cada uno de esos pensamiento se debe echar atrás y que “El rocío que regó todo el terreno” se puede adelgazar para obtener una vista de lo espiritual a través de él.

 

Simplemente comienza esta reversa—quizá los muros no caigan la primera vez, pero si eres fiel y echas atrás la mentira aun en frente de las condiciones más desconcertantes—si “No juzgas por las apariencias” sino echas atrás el juicio de los sentidos materiales, vendrás a ser consciente de la condición y tan pronto como esto “te sature” llegarás a tener conciencia de lo mismo. Esta es la única manera práctica de la demostración.

 

Es una gran lucha, una batalla que siempre tiene éxito y que está llena de promesas y recompensas.

 

Procura comenzar a dar reversa a todo lo que sea mentira, aunque parezca imposible de cumplirlo, trátalo por un día, una semana, un mes y pronto la hermosa mañana irrumpirá suavemente sobre ti, con un suave aroma de la dulce brisa del verano que sopla gentilmente sobre ti y entonces conocerás la paz de la conciencia de lo recto.

 

La Casa de las Sombras Que Oscurecen

 

Era un día de febrero gris y frío. Un día lleno de esterilidad, un día lleno de insignificancia. De las colinas sin vida y sin calor soplaba como un latigazo punzante un viento helado. Los cables del teléfono zumbaban con la tensión y las ramas principales de los árboles crujían de repente con el frío. Ahora el viento tomó un ramalazo de nieve y la diseminó con intensidad y fuerza sobre los que pasaban. Un sol amarillento y débil había procurado abrirse paso a través de la masa de gris plomizo pero sólo alcanzó a hacer más agudas las sombras del día.

 

Delante de una estufita de gas puesta en frente de una chimenea de aspecto gracioso, se sentaban el Sr. y la Sra. Robins. La falta de alegría del mundo exterior no había encontrado barreras en este hogar, entró y saturó el lugar con sombras de oscurecimiento, sombras de duda, de pena y de futilidad. La Sra. Robins con las manos dobladas miró la pequeña llama de la estufa. Suspiró y por un momento sus ojos se fijaron sobre la foto que estaba encima de la repisa en la chimenea, el retrato de una niña sonriente.

 

Hacía tres años que Selma Robins falleció, dejando dos personas infelices y profundamente afligidas. Su muerte produjo un cambio total en la vida y en el comportamiento de sus padres. La hermosa y antigua casa en la práctica se cerró por entero. No había objeto de vivir en toda la casa después de su partida; no había para qué salir al mundo, o para dejar que el mundo entrara; no había otra cosa distinta a esperar sino hasta la venida del fin para que todos se reunieran de nuevo. El bondadoso y viejo ministro dijo: “Se reunirán otra vez todos los que han desaparecido,” y así, desde su muerte la única acción que en realidad se podría decir que tenía lugar era la de esperar. Era una larga y fatigante espera llena de lágrimas y de quebrantos del corazón.

 

En el segundo piso un lindo dormitorio de color rosa que arreglaron para cuando Selma regresara de la escuela, también permanecía envuelto en tinieblas. Nadie entró allí desde aquel horroroso día. La gran chimenea abierta donde pasaron tantas tardes felices, estaba ahora cerrada y habían puesto una pequeña estufa de gas frente a ella. Toda la casa expresaba sombras e infelicidad.

 

Por último el Sr. Robins se agitó en su silla. Fue hacia la ventana y miró al exterior. “Aquella borrasca que pronosticaron ya casi está aquí” dijo, mientras observaba los grandes rollos de nubes grises. Ya se oía el agudo golpeteo del granizo contra las ventanas. Afuera en la calle las personas se apresuraban para ir a sus casas, envueltas en grandes abrigos y pieles. El Sr. Robins suspiró mientras contemplaba aquello tan gris que no era sino el estado que retrataba su existencia: un cuadro desprovisto de luz y lleno de sombras, un cuadro de monotonía melancólica y opaca, sin interés alguno. En tanto que permanecía allí, de repente las colinas desaparecieron a la vista, cubiertas por una cortina de nieve que se extendió entre ellas, pues la borrasca llegaba para enviar un alud de nieve que silbaba a través del aire con su voz congelada aullando como una bestia feroz.

 

“Padre, simplemente piensa,” dijo la Sra. Robins, al enjugar sus lágrimas, “ella está allí, bajo toda esta nieve,” y la pobre mujer lloró mientras su esposo la trajo hacia él, para rodearla con sus brazos.

 

“Ahora, ahora, madre, sabes que esa era la voluntad de Dios porque Él sabía lo mejor y debemos inclinarnos ante ella. Algún día nos volveremos a reunir todos y seremos felices como lo éramos antes que se fuera,” dijo con voz temblorosa.

 

“La voluntad de Dios,” replicó la mujer, “¿por qué tuvo que quitarnos nuestra única hija y deja familias con seis y siete niños, sin tocarlas? ¿Dónde hay justicia en eso? Algunas veces como que ni creo que Dios exista.”

 

“Madre, madre,” respondió el hombre, “piensa lo que dices. Así entregas la última esperanza.”

 

Precisamente entonces hubo un pesado y sordo sonido contra las puertas que los sorprendió a ambos.

 

“¿Qué es eso?” musitó la mujer, con una mirada de miedo en sus ojos, pues cruzó por su mente el veloz y aterrador pensamiento que quizá sus palabras blasfemas irían a recibir su recompensa.

 

El Sr. Robins dejó la habitación y salió al largo y frío corredor. Abrió la puerta y de la nieve vino una voz.

 

“Perdí mi camino y la tormenta es tan dura y pesada que no puedo seguir adelante.” Era la voz de una mujer, de una mujer joven.

 

El Sr. Robins la ayudó y la condujo por el corredor hacia la sala. Cuando estuvo allí, sacudió la nieve de su traje, se deshizo de las pieles y del abrigo y se quitó la boina. La Sra. Robins la observó. Del montón de ropa salió una joven de mejillas sonrosadas. Los saludó con una sonrisa y se inclinó sobre la estufita de gas.

 

“Mi nombre es June Allen,” informó, “soy huérfana y enseño en la casa de la comunidad, precisamente al volver la esquina; esta tarde me quedé más de lo acostumbrado. Me gusta la nieve y creo que es un buen deporte estar fuera, pero la tormenta de hoy fue demasiado para mí.”

 

A medida que la Sra. Robins observaba la juvenil figura, sólo le venían a la mente recuerdos tristes. Sin darse cuenta las lágrimas corrían por sus mejillas. June Allen contempló el silencioso drama por algún tiempo. De pronto vio el cuadro sobre la repisa con sus crespones fijos con alfileres en los bordes. Entonces comprendió.

 

Fue hacia la Sra. Robins y puso los brazos alrededor de ella. “Querida,” dijo, “¿No sabes que no hay muerte?” La Sra. Robins se sorprendió.

 

“Y esta es la vida eterna, que te conozcan a ti.” Y repitió la frase cuando guió a la mujer a la silla en cuyo brazo se sentó. “Esto” hizo una pausa por un momento. “Esto es precisamente aquí, y ahora es la vida eterna. El hombre no puede ver muerte si conoce a Dios. No puede morir en tanto que piense en Dios.”

 

“La muerte no existe. Puede haber cambios para quienes dejan por un momento de pensar en Dios, pero no hay muerte. Sólo hay progreso, promociones, adelantos, y ya llegamos al sitio donde encontramos que si conscientemente pensamos en Dios, y en lo que Él es, no podemos siquiera experimentar lo que se llama muerte. ‘Tener una mente carnal es la muerte.’ ¿Y qué es ser carnales en la mente, si no es dar dominio y autoridad a los sentidos materiales?. Consiste en hacer algo real de lo que es una falsedad. Hacer a la así llamada muerte la realidad y a la vida un mito. Y aunque Dios sea Todopoderoso, sin embargo es vencido por la materia y por un pensamiento contrario.”

 

“¿Dónde está el reino de los cielos? ¿Y quién mora allí?” Es posible que haya una separación del amor y de los seres amados y, a pesar de todo, tener armonía, tener cielo. Pero leemos: “El reino de los cielos se ha acercado y está dentro de nosotros.” Entonces sabemos que si el reino de los cielos se ha acercado y está dentro de todos nosotros, y que el cielo es felicidad, luego no puede haber ninguna separación, porque eso sería traer infelicidad.

 

“¿Qué es Dios? ¿Es acaso una mezcla de vida y muerte? No. Es vida eterna. ¿Vida cómo? ¿Limitada y temporal? No, vida eterna, y como Él es infinito, entonces desde luego la vida es infinita y si es infinita, la muerte no tiene dónde, ni poder, ni realidad. “Como Dios es eterno y es vida y como el hombre es la conciencia de Dios o de la Vida, en verdad nada le puede suceder al hombre que no le suceda a Dios. ¿Puedes imaginar que Dios muera? Entonces, si Dios no muere, el hombre, la conciencia de Dios, la vida, no puede morir. Apenas cuando el hombre viene a ser de mente carnal, no sólo muere sino que ya está muerto.”

 

“Aunque el hombre esté muerto, vivirá de nuevo.” Aunque sea de mente carnal y esté muerto a los aspectos verdaderos de la vida, puede volver a vivir otra vez si se vuelve a Dios y llena su pensamiento con Dios. Este no es un proceso largo y tedioso. Es tan rápido como volver la página de un libro. Si se vuelve a Dios, si piensa en Dios, si vive en Dios, el cambio se lleva a cabo de modo instantáneo. Y de una vez se irá a levantar del sentimiento de muerte o de carnalidad.

 

“Si el hombre no puede morir, si no puede haber separación, entonces no puede haber pena, pues se nos dice que ni lo alto, ni lo profundo, ni lo presente, ni lo por venir, ni las cosas que han sido nos podrán separar del amor de Dios. Ahora bien, el amor de Dios es la vida de Dios y somos uno con Él. Dios es el antes, somos la expresión de su amor, de su vida, y antes que Él deje de ser nuestra vida, no podemos morir.

 

“La pena es la esencia de una de dos cosas, egoísmo o ignorancia” ¿Cómo es posible que un individuo procure mantener en servidumbre otra idea o expresión? “Desátenlo y déjenlo ir” no significa que deberíamos apegarnos a un sentido personal de hombre y adherirlo estrechamente a nosotros. Quiere decir que deberíamos dejarle libre y permitirle que obre al máximo de su capacidad ante los problemas que enfrenta y que únicamente puede resolver solo. Apenas podemos señalar el camino, los pasos que se han de tomar—la obra que se debe hacer—pertenece al peregrino. No ates una cuerda de aflicciones a ellos y nunca más tarde los lleves de regreso a sus vidas vacías. Llena tu existencia con plenitud de actividad y vida. Principia a vivir, a ser feliz pues la libertad ha venido a esta casa. La gloriosa libertad de los hijos de Dios, que permite a todo hombre trabajar sus problemas sin los obstáculos del orgullo y de la falsa simpatía humana.

 

“Contemplar por un momento la voluntad de Dios los inundará con plenitud de luz y de feliz bonanza. Verán la realidad de la vida y la irrealidad de la muerte. Entenderán que la Vida, como absoluto, no puede cambiar, no cambia, aunque el cuadro que aparezca sobre la pantalla mortal pueda tomar diversas actitudes, muchas visibles, algunas invisibles. El hombre de setenta es como el bebé en brazos de la madre. Dicen sí, creció, y los cambios han sido naturales y buenos. Lo han visto como una persona diferente en la realidad cada día, mas no sufrieron cuando el niño anduvo, cuando corría y saltaba y cuando dejó el habla propia de los infantes para tomar la pronunciación más clara del niño. No, dijeron: ‘Es el crecimiento, ¿no es maravilloso?’

 

Ahora bien, el desarrollo es también algo eterno, es continuo y sigue, visible a los ojos mortales o no. La semilla que cae al suelo se oculta de la vista por un tanto, pero su crecimiento continúa hasta cuando sale a la superficie en una forma cambiada; lo mismo pasa con el hombre, puede ser invisible por un tiempo a los sentidos materiales, pero al crecer un día aprenderemos que no ha hecho sino cambiar de aspecto y venir a ser más fructífero. En la actualidad la visión del mundo se cambiará en un abrir y cerrar de ojos cuando todos digan “No hay muerte” y entonces todos tendremos ojos para ver y oídos para oir y sabremos que nuestros seres amados, aunque cayeron en tierra no sufrieron ni experimentaron la muerte, sino un sentido mayor de Vida. Quienes han quedado atrás y llevan la pena y el sufrimiento, en verdad experimentan la muerte, pues la Vida y la armonía son uno y están alegres y gozosos.

 

La pena y la aflicción pintan con brocha gris. Difunden su color monótono sobre caras felices, opacan los ojos brillantes, velan el resplandor de la luz solar, hacen silenciosas e infelices las casas y les quitan todo interés a hombres y mujeres. No cumplen nada para el bien y sí mucho para el mal. Es como la cría de un diablillo que se oculta bajo la piel de cordero de la rectitud. Es una costumbre que se viste con ropas antiquísimas a través de la cual el hombre empieza a ver la luz de la Verdad.

 

La Verdad llega con su sencillez infantil. Viene con una gran abundancia de luz y de modo instantáneo disipa la bruma, sin que importe si ésta acaba de aparecer o si ha estado allí por años. La Verdad no experimenta más dificultades para traer gozo a la pena de años que al dolor de un momento. Ambos se van con la misma facilidad con que las tinieblas desaparecen de una casa que hubiera estado a oscuras por un instante o por una larga temporada.

 

Cuando nos envolvemos en lo negro del luto y nos encerramos para apartarnos lejos del mundo feliz, lejos del mundo que nos necesita para difundir esta verdad, no cumplimos nada para nosotros mismos ni tampoco para aquellos que se han ido antes. Ni mucho menos ofrecemos un tributo justo a su recuerdo.

 

Olvida, perdona, haz descender una bendición sobre el mundo maravilloso. Regocíjate, sé feliz porque la Vida es eterna. No conoce la muerte y cuando esto viene a quedar establecido con precisión en las mentes de los hombres, el mundo hará eco con el cántico de alabanza: “No hay muerte,” porque la mente carnal ha dado lugar a la espiritual. Ya hay quienes ven esto con toda claridad y lo experimentan a la medida.

 

“La Vida es Dios y es incambiable. Lo único que cambia es el concepto mortal acerca de ella que se halla en cambio constante. Lo que se piensa hoy se descartará mañana. Esa es la ley de la mente mortal, mas para quien tiene la mente espiritual es Vida, y en tanto que meditamos en Dios, en realidad pensamos en Él, entonces no puede entrar ningún concepto de muerte, y tampoco tiene dominio ningún pensamiento de muerte.”

 

Cuando June Allen terminó su charla, miró a uno y a otro de sus oyentes. En el rostro de ambos aparecía la calma y una sonrisa de gratitud jugaba sobre los labios de la Sra. Robins.

 

“Quisiera que todos pudiésemos orar,” dijo. “Siento como si me hubieran quitado una gran carga y quiero dar gracias.”

 

Y así los tres se arrodillaron en una plegaria silenciosa. La oración de agradecimiento. Cuando se levantaron, la Sra. Robins fue hacia la repisa y quitó los alfileres que sostenían la cinta de crespón sobre la foto. El Sr. Robins puso la estufita de gas a un lado y abrió la chimenea confortante y prendió la leña que ya estaba lista.

 

Un resplandor de tonos encendidos llenó la habitación con su cálida luz. June Allen acercó sus manos al calor y sonrió. El manto de tibieza que les rodeaba era vibrante de significado y felicidad. Fue a la ventana y miró hacia fuera. La tormenta había disminuido y las luces de la calle se veían brillantes a través de la nieve.

 

“Creo que seguiré mi camino ahora,” dijo. “Lo puedo hacer muy bien.”

 

La Sra. Robins se acercó y puso los brazos alrededor de ella. “No, querida. No saldrás esta noche. Hay un pequeño dormitorio de color rosa que te espera en el segundo piso. Durante tres años ha estado en tinieblas pero has traído la luz y será tuyo.”

 

Del libro “Your Heritage” de Walter C. Lanyon. Traducción al castellano por Pablo Barreto, M.D. AA 8025 Cali, Colombia.