Corona Real

Por Walter C. Lanyon

CONTENIDO

Enviaste esa carta, ¿verdad?                                        1

Realización                                                                     2

Tu Talento                                                                      3

Soy Lo Que Deseo Ser                                                   4

Camila                                                                            5

Antes Que Venga El Arenero                                         6

Mi Copa Está Rebosante                                                7

El Otro Compañero                                                        8

Un Reino Dividido                                                           9

Que Haya Luz                                                              10

 

ENVIASTE ESA CARTA, ¿VERDAD?

Enviaste esa carta esta mañana, ¿no es cierto? La escribiste con todo cuidado, le pusiste la dirección, la estampilla y luego la llevaste al buzón. No has tenido una cuerda atada a ella, ¿o sí? No, sencillamente la echaste al buzón y luego seguiste tu camino. No pensaste si el buzón es a prueba de robos, ¿verdad? Y no te preguntaste cómo iría a llegar del buzón a la oficina de correos, y de la oficina al tren, ¿o lo hiciste? No gastaste el resto de la mañana en preocuparte si el tren iba a llegar con ella, ¿verdad? No, la echaste en el buzón y alegremente la olvidaste.

Enviaste esa oración esta mañana, ¿no es así? Con suma atención hiciste tus declaraciones de derecho y descartaste todos los pensamientos indebidos. Dirigiste tu oración al Altísimo y ÚNICO. ¿Y qué hiciste después de haberla enviado? ¿Acaso tenías un hilo de preocupación adherido a ella y te pusiste a bajarla para ver si no podrías agregar otra palabra, o para ver si en realidad quedó bien “hecha”? A lo largo de toda la mañana dudaste, y al día siguiente enviaste otra oración; y también la tenías atada con una cuerda de duda y de temor y, claro está, no alcanzó su destino.

Varios días después de haber enviado la carta te llegó una respuesta que decía: “Tengo tu nota de tal y tal fecha,” y recordaste lo que habías escrito. Pero no fuiste de puerta en puerta ni detuviste a todos los que pasaban a tu lado para decir: “Envié una carta y me llegó la respuesta,” y luego les contabas cómo habías conseguido el papel o cómo buscaste la tinta o acaso cómo se te perdió el lápiz, etc. No, aceptaste la carta, la leíste, recibiste los beneficios que te anunciaba y seguiste tu camino.

Y, por último, de un modo débil, sin alientos, aquella pequeña oración que sólo fue medio suelta, regresó con un rayo de luz y te apresuraste a ir a tu vecino para decirle: “Tengo un testimonio, ya sabes, era así, o asá, de esta manera, etc.”

“¡Oh, hombre de poca fe!” ¿Por qué no cortas las cuerdas de la preocupación con que amarras todo pensamiento y “lo sueltas para que se vaya”? Ten la misma fe en que tu oración regresa, así como la tuviste para la carta y ha de volver a ti con mayor certeza y con una recompensa más segura.

Muy lejos, en la vanguardia, cuando la batalla estaba en su mayor violencia, soltaron una paloma correo con un mensaje y desapareció en la distancia, para perderse en el azul del firmamento; ningún pensamiento de preocupación estorbó su viaje. Al soltarla y “dejarla ir” sabían que volaría a su destino y que más adelante vendrían los resultados.

¿Quién no ha sentido la fe perfecta de un niño en la Nochebuena? Manifiesta el deseo de su corazón y jamás se queda sin una expresión de amor. Cuando ustedes pidan, háganlo con la certeza que van a recibir y recibirán. No entras a una tienda y le solicitas al dependiente determinado artículo y luego repites tu petición mil veces más. Pides y luego esperas. Y así, cuando estamos en el proceso de aprender a pedir y a esperar—esperamos con paciencia que es fe absoluta—entonces recibiremos con constancia la respuesta, la recompensa que es correctamente nuestra. “…Pidan y se les dará; busquen y encontrarán; llamen y se les abrirá la puerta” (Lc 11.9 NVI). Pero no vayas a llamar mientras al mismo tiempo tratas de forzar la entrada por la ventana. El dueño de la casa te tomará por un ladrón y luego los barrotes de su puerta y de su ventana serán más sólidos.

Y así como envías una carta, envía tu oración—déjala ir sin obstáculos, sin impedimentos, sin trabas de temores, preocupaciones o cuidados. No permitas que tus pensamientos se desboquen—una multitud de ideas que no cumplen nada—y sólo congestionan tu mente. Habla a tu Padre en lo secreto y Él te recompensará en forma más que abierta.


REALIZACIÓN

DEJA de esperar y comienza a darte cuenta. “Todo es posible para quien cree y confía en Dios.” No tienes que esperar el Reino de los Cielos hasta cuando mueras. No puedes morir en él y largos años de espera no lo van a acercar más, pues el “Reino de los Cielos ya está aquí.” AHORA es tu clave—deja de vivir en el futuro y entra en el AHORA de tu vida.

Dondequiera que esto te encuentre, mira a tu alrededor y ve qué porcentaje de tu vida realmente vives en espera, en espera de algo que viene y sin captar jamás la idea que ya todo está aquí ahora mismo.

“Actúa como si poseyeras todo.” La misión de Jesús en la tierra fue poner a un lado todas las viejas ideas de crecimiento material. No tuvo que pasar largos años de excavar en las montañas para encontrar oro con qué pagar sus impuestos. Volvió a la fuente ilimitada de suministros que tenía a mano para bendecir, y tomar su subsistencia—su oro. No tuvo que plantar trigo, cultivarlo y preocuparse junto con él a fin de tener pan y poder alimentar a la multitud. Tan sólo se estiró dentro de la bodega de la Mente que todo lo tiene y se dio cuenta que era la sustancia de todo y que lo que necesitaba hacer era realizarlo. Hizo todas las cosas y siempre agradeció su presencia antes que fueran vistas con los ojos materiales. Así, pues leemos: “...alzó los ojos al cielo (su atención centrada en la fuente inagotable) y dio gracias.” Sí, dio gracias, antes de poder verlas. ¿Por qué? Porque sabía que Dios es el origen de todo lo que hay y que Él abundantemente iba a suplir sus ideas con lo que era necesario. Ningún oro en el desierto, donde nada hay para comprar, a no ser agua. La mente de Dios es lógica—es por entero lógica—obra en ritmo, en cadencia, y nunca pierde o gana en acción, pues es un constante movimiento perpetuo.

“Dios está en su cielo—todo está bien en el mundo.” “El Reino de los Cielos se ha acercado”—”El Reino de los Cielos está en ustedes.” “Solamente crean y todo será suyo.” “Ahora es el tiempo aceptable”—precisamente ahora, mientras lees esto. Precisamente ahora, mientras escribo esto, es el tiempo aceptable para la realización, para vivirla, cantarla, para ir al negocio de nuestro Padre, para usar sus suministros inagotables. La ausencia de Dios en nuestros pensamientos es lo único que puede impedir la demostración. Donde Dios está hay abundancia de todo—Él nos alimenta con sus ideas.

Crees que te falta amor, dinero, un hogar, etc., pero en realidad te falta la conciencia de Dios. Si Él morara en tus pensamientos de continuo, todo lo demás te sería añadido. Jesús no se preocupó por reservas de hotel cuando se movilizaba de un lado a otro, simplemente sabía que el “aposento alto” siempre estaba listo para Él. Todas las cosas son mentales antes que se expresen en lo material. Entonces, dí la palabra: “Mi palabra no regresará vacía a mí, sino que cumplirá todo aquello para lo que la envié.” Qué orden tan maravillosa la que nos dejó: “...lo que hago, ustedes también lo harán, e incluso lo harán más grande.” Pronunció la palabra y el mar se calmó; trajo a la existencia tangible el suministro. Decretó sanidad a la luz; y, además: “...las cosas que hago, ustedes también las harán.”

Despierta tu realización—hazla parte de tu tarea diaria a fin de ejecutarla ahora mismo. Obra como si poseyeras todas las cosas. “Cuando oren, crean van a tenerlas y recibirlas.” La Biblia vibra con ayuda e instrucciones para el AHORA de nuestras vidas. Constantemente se nos invita a vivir ahora.

Comienza la realización para que obre hoy. Debes darte cuenta que tienes el amor de Dios contigo, ahora mismo. Y a medida que creces de paso en paso, versa que la palabra se hizo carne y sentirás el estremecimiento emocionado de esta PRESENCIA presente. Espero que te mantengas y te digas de continuo a ti mismo: “Ahora es el tiempo aceptable—ahora es el día de la salvación.” Ninguna ley material te puede echar atrás—el camino es claro y la puerta está abierta a través de esta conciencia de la Realización.


TU TALENTO

¿Alguna vez has sabido que tenías un algo especial, una cosita muy personal y peculiar que te ha hecho diferente de todo el mundo? Claro que sí; pero nunca soñaste que te iba a capacitar para salir de la horrible masa gris de la vida rutinaria y darte un pequeño sitio para ti solo. No, esto no quiere decir que serías un poderoso miembro de la realeza (rey o reina), sino que te hará infinitamente más grande y esto que se halla envuelto en una servilleta de temor y que sólo visitas en el más secreto armario de tu propia imaginación es Tu Talento.

Estás tan acostumbrado esconderlo fuera de la vista que te has convertido en miembro de aquellos que aceptan todo, y jamás has hecho un esfuerzo para ver cómo serías en realidad si “cortaras y soltaras” de una vez para permitir que esa pequeña semilla en ti tome raíces y florezca.

En tu corazón de corazones está escrito tu nombre—un nombre que es peculiarmente tuyo y que nadie más tiene idea—y ese nombre, ese algo es lo que te va hacer salir y te va a hacer grande.

Leonora era de una parte muy lejos de Rusia. Trabaja muy duro en el campo con sus hermanos y hermanas, pero algo le susurraba por dentro de modo constante. Algo en su interior se movía. Era su talento que obraba por sí mismo fuera de la servilleta. Señalaba un camino a través de la tierra, a través de los mares hacia un sitio muy extraño que no conocía, pero un coraje sin temor la llevaba. Cada amanecer el camino era más y más claro, hasta que al fin Leonora se encontró en su lugar. Un lugar que esperaba por ella en una tierra donde pocos hablaban su lengua, pero ese sitio era el suyo y el Talento la llevó allí, un lugar de crecimiento y éxito, de felicidad y armonía.

Así, pues, dentro de ti el Talento susurra para tratar de salir de la servilleta de temor, pero lo mantienes más y más apretado, con ilusiones nuevas y no lo dejas ver la luz. Tienes miedo de hacer lo que te dice que hagas. “Qué dirán los demás.” El temor te derrota y otros dicen cosas. Te intimidan, te tienen en un estado gris de incertidumbre y no te atreves a salir para ser tú mismo. ¡Cobarde! Te atemoriza vivir tu vida. La vida que anhelas y acaricias sobre todas las cosas. Tienes miedo de volverte grande porque eso significa trabajar y significa seguir la línea y dejar que el mundo se preocupe de sí mismo. Déjalos que hablen. Sus murmuraciones y susurros pronto se volverán adoración al héroe. Son la “masa gris” a la que pertenecías y que ahora cambian con el viento. Que no te importe cuando digan: “No puedes,” o “¿No te da miedo hacer eso?” Estas mismas voces después te dirán: “Siempre supe que eras capaz y que tenías agallas para hacerlo.”

Aquí está lo que necesitas: mayor comunión con Dios. Toma su Palabra y confía hasta la última letra de sus promesas. Él te quiere bendecir—manifestarse a sí mismo a través de ti, hacer que tu talento brille y Él es el único socio que necesitas en el negocio de la vida. Le necesitas a Él y a sus instrucciones. “Sé sabio.” La sabiduría viene de cortar con el mundo y volver tu atención al Amor, como un niño, con toda ingenuidad y sencillez.

Tu sitio te espera, es el lugar de tus deseos, si tus deseos son buenos. Te llama con señas y Dios quiere llevarte allí y te llama con el nombre secreto que está escrito sobre la tabla de tu corazón.

¿No puedes simplemente dejarte ir? ¿No puedes tan sólo apartarte de todas las cosas viejas y sumergirte, guiado por este Talento, por este nombre, y vivir tu propia vida? Al hacerlo así, perderás el sentido material de la vida y encontrarás lo que es real, lo que es eterno y duradero. Cuando se quite la servilleta material que oculta tu Talento de la luz, entonces quedarás envuelto en la sustancia de la Mente que es infinita y en la que puedes seguir y seguir, para desplegar y crecer más y más en grandeza, más en nobleza y más en amor con cada día que pase.


SOY LO QUE DESEO SER

¿CONOCES el secreto de la vida? ¿Sabes la clave que te abrirá todas las puertas cerradas? ¿Conoces la emoción de la vida verdadera? ¿Te gustaría sentir continuamente lo que sientes en una linda mañana de primavera cuando el sol apenas asoma a través del rosa y del turquí y coquetea con un millón de diamantes en las gotas del rocío?

TÚ PUEDES.

Aquí está tu contraseña:

“Soy lo que deseo ser.”

Un momento, por favor. No utilices un ciego, terco y cabeciduro poder de la voluntad. No uses una gimnasia mental luchadora, ni hagas contorsionar tu mente para declarar de forma vana tantas palabras.

ESCUCHA:

¿Recuerdas quién es “YO SOY EL QUE SOY” verdad? Es el nombre de todo hombre viviente. Porque “YO SOY” me ha enviado. Mi nombre es “YO SOY.” Tu nombre es “YO SOY.”

¿Para qué te mandó “YO SOY” aquí sino para dar expresión de sí mismo, para expresar el amor, la belleza, la santidad, la armonía, y la felicidad? Baja tu Biblia del estante y encontrarás cuáles son los atributos principales de Dios. A saber, paz, santidad, gozo, hermosura.

Tu medio de comunicación con Dios se llama oración, y la oración no es otra cosa sino un deseo. ¿No comienza a parecerte simple? Tienes tu “YO SOY” y tu significado de “deseo.” Sabemos que todo bien perfecto viene de Dios, que es bueno, entonces incluso tus deseos son la “aun pequeña voz” que busca pronunciarse en ti—sí, tus mismos deseos (en realidad en tanto sean buenos) son las líneas abiertas de comunicación—es decir, son los mensajes de Dios para ti.

¿Alguna vez no deseaste ser lo que no eres? ¿Acaso no deseaste estar fuerte, bien, feliz y tener todo lo que quisieras? ¿No son esos todos buenos deseos? ¿De dónde vinieron? ¿Vendrían de la base, de la llamada mente mortal?

Nunca dejaste de darte cuenta, ¿no es cierto? que tus deseos son las formaciones embrionarias que esperan manifestarse en la carne? “Hágase tu voluntad”—deja que tú mismo te manifiestes en mí.

“Como el hombre piensa en su corazón, así es.” ¿Qué piensas? “Ahora somos hijos de Dios.” AHORA, en gran resplandor, con letras vibrantes. No importa lo que eras hace un minuto, una hora y hasta un año. “AHORA somos hijos de Dios.” AHORA, piensa acerca de la posibilidad presente de la palabra AHORA.

El patrón que moldea nuestros deseos ya está fundido para nosotros “Hijos de Dios.” Entonces, desea ser lo que eres—un hijo del Rey. ¿Actúas en la completa extensión de tu nobleza? “Busca (en deseo de oración) el Reino de los Cielos (que se halla en tu interior) y todo lo demás te será añadido.”

“Todo es tuyo.” “Eres lo que deseas ser AHORA.”


CAMILA

CAMILA no es un personaje de un libro de cuentos. No es una criatura fabricada para adaptarse al tema. Es una mujer viva, verdadera. Es una monja que vive en un viejo convento de piedra gris situado sobre una hermosa colina que se levanta sobre el serpenteante río Mosela.

La conocimos una mañana cuando salía de la capillita donde había estado en oración. Era un día claro, con un alto firmamento azul, el perfume débil de las flores silvestres de la colina y de la vegetación estaba en el aire—un día de primavera. Cuando salió a lo abierto, parecía encajar de modo perfecto con el ambiente, como si fuese la personificación de la eterna juventud. Cuando pasó al lado nuestro no bajó con timidez los ojos al suelo, sino nos miró con sus grandes ojos azules—ojos llenos de una amorosa falta de temor, llenos de una maravillosa profundidad, unos ojos de adolescencia con la sabiduría de los años que brillaba a través de ellos. Esta mujer tenía juventud en su apretón de manos, en su piel clara, firme, blanca, transparente, en sus labios rojos y llenos de expresión y una lozanía tan evidente que se hacía sentir a sí misma.

“Parece de dieciocho,” dijo uno de nosotros. Pero Camila era una mujer que pronto vería a sus años pasar por encima de sesenta. Más tarde, el mismo día, hablé con ella y esto fue lo que me contó.

“Cuando tenía veinte años, en la práctica me encontré como una vieja tanto en la mente como en el cuerpo. Me sentía abrumada y la vida me era una carga; por este tiempo me hice monja. Poco después comencé a estudiar la ‘Palabra’ y caí en la cuenta que en realidad nunca había vivido, que el sentido de juventud transitoria que tenía no era sino una sombra—una sombra de la juventud verdadera que es eterna e interminable. Pronto me di cuenta que Dios no podía debilitarse, no en el sentido de decaimiento; que la naturaleza jamás envejece, pues con asombro vemos cómo se renueva cada año—y gradualmente llegué a saber que si Dios no puede volverse viejo, el hombre, su idea, su imagen y su semejanza, tampoco ha de envejecer.

“Se nos dice que si buscamos primero el Reino de los Cielos, todo lo demás vendrá por añadidura. Si buscamos el Reino de los Cielos, buscamos juventud, gozo, armonía, felicidad. El Reino no está hecho de personas de edad; vibra con la eterna juventud; por ultimo, comencé a darme cuenta que yo hacía parte del Reino de los Cielos y que en realidad sólo buscaba mi yo verdadero.

“’Busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá; pidan y recibirán,’ entonces seguí adelante en búsqueda de la vida verdadera. Como Dios está presente en todas partes, encontré que se expresaba en toda la naturaleza. Lo hallé manifestado en su universo—y yo pertenezco a ese universo, pues de hecho hago parte de él y no estoy aparte de él. Tal como la fuerza de amor que obliga a una rosa a cubrir sus enredaderas con botones tan blancos como la nieve, encontré que ese poder crecía y crecía dentro de mí, que me saturaba, hasta que un día percibí en completo y total asombro—el ‘Resplandor Divino’ que me despertó y me hizo sentir que este rejuvenecimiento tenía lugar. Dios está en todas partes y Él es la vida eterna y la juventud eterna. Si Él es la juventud eterna, y se halla en todas partes, podía literalmente bañarme en juventud. No sólo eso, sino percibí que era parte del designio total y dirigía mi vida, mi vitalidad, mi juventud, a partir de la misma fuente que movía todo el plan. Más allá, en la montaña, la niebla gris se posaba y se deslizaba sobre las lomas, en tanto que el sol lo inundaba todo y la mancha en el azul del firmamento se mostraba en la distancia. Los brezos de las colinas eran como un relámpago púrpura, las blancos oxiacantas resplandecían en el tibio sol y como yo era una parte de todo, vibraba con eterna juventud.”

“Aprendí a amarlo todo, a amar el diseño en su totalidad, como uno que ama a los miembros de su propio hogar, a su propia familia. Todo era digno de ser amado, cuando se veía con rectitud y cuando todo cedía al toque de la gentileza, el toque del amor. Si llovía hacía mis deberes con el sentimiento que todo se purificaba, que todo se llenaba de pureza y entonces, bebía profundamente de esa pureza. Si el sol se derramaba sobre mí, sentía como si me hiciera un halo de oro puro, oro que iba a durar. Sentí luego como si el gozo se posara sobre todo mi ser y llenara las gargantas de las aves con notas gloriosas y entonces canté ante las maravillas de la vida. Si el viento soplaba con ira alrededor, era feliz aun en el pensamiento que las cosas cambiaban. Esto era un reajuste; las viejas hojas muertas subían con el viento y se iban lejos—el polvo se movía desde rincones ocultos—y tenía lugar un reajuste. Y así sentí que ese reajuste entraba en mi interior—el poder para decir: ‘No se haga mi voluntad, sino la tuya.’ En invierno, cuando cae la nieve, supe que todo en este universo trabaja y estudia febrilmente a fin de desplegar y alistarse para un crecimiento mayor.

Y así vine a saber a partir del tiempo que después de todo no era sino una lección para nosotros. Que nos deberíamos regocijar independientemente de lo que fuese la manifestación. Más tarde principié a darme cuenta que no sólo buscaba juventud, felicidad, armonía sino que yo era juventud, felicidad, armonía.”

Precisamente, en ese momento, un grupo de felices jovencitos subieron la colina a la carrera, tomaron a Camila en sus brazos, y se apegaron a sus largos hábitos. La juventud busca la juventud y la llevaron hacia el valle salpicado de flores. Camila tenía sesenta años, pero el mundo la consideraba de dieciséis.


ANTES QUE VENGA EL ARENERO

¿Alguna vez invitaste al Arenero para que te visitara y no lo hizo? ¿O alguna vez te despertaste en la noche para encontrar que te esperaba una media docena de largas e interminables horas negras antes que llegara el amanecer? Sé que así ha sido y sé también que en ocasiones has ensayado el viejo truco de auto-hipnosis en que cuentas ovejas que saltan la cerca y al final resulta que también fracasó para quedar en un estado de insomnio y absoluta fatiga. ¿Sabías que hay un modo más seguro y directo de llegar a la Tierra del Sueño? Tan fácil de viajar, tan invitador e interesante; salpicado a lo largo de la vía con flores cabeceantes, fatigadas, y lirios blancos de fuerte perfume y siempre cabecitas de pequeños soñolientos apretados con tanta firmeza en los brazos de sus madres que en la actualidad un sentimiento de felicidad viene a ti y te dejas ir por el barranco de los sueños en la tierra del olvido. Déjame mostrarte ese sendero.

Cuando despiertas, siempre recuerdas que “Estaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza, “ y ¿qué es esa semejanza? Como uno de sus atributos es “Amor,” entonces comenzaremos con ese. “Cuando despierte en tu semejanza (de Amor) estaré satisfecho.” Ya estás despierto en una atmósfera de Amor, pues en “En Él vives y te mueves y tienes tu ser.” Ahora el camino para poner este Amor en tu mente es ponerlo en uso—comenzar a amar—y para hacer esto comienzas con el perdón. Perdono al Sr. X, aquel pequeño resentimiento que tienes contra él, y la Sra. Blank, la herida que recibiste de sus palabras. Los tomas por la mano y los llevas fuera “En lugares de delicados pastos” y “Junto a aguas de reposo.” Les dices: “Te perdono; no tengo nada en mi corazón contra ti, nada en mi corazón contra nadie, pues amo a todo el mundo.” Vendrá tal sentimiento a ti, tal sentimiento de regocijo y de paz y serás todo un resplandor con la llama del Amor verdadero; y, al final, a medida que sigues tu camino de perdón llegarás a tu propio pobre yo que se levanta allí, ese querido y pobre viejo al que has acusado con tanto aborrecimiento de toda clase de equivocaciones, pecados, y muerte. Has fijado tan firmemente todas esas cosas sobre él, que también necesita tu perdón. “Ni yo te condeno, vete y no peques más.” Ahora ya soltaste todo, incluso tu propio yo, y no es de extrañar que quedes allí, e irradies e irradies amor.

Y al final, a medida que piensas acerca de las maravillas del Amor y el gozo del perdón sentirás las suaves plumas de sus alas que se pliegan sobre ti. Revolotearán por encima de ti y en los “Brazos Eternos,” con tu cabeza cómodamente anidada contra el pecho de tu Padre, quedarás en ese santuario de reposo y te levantarás de allí, resplandeciente con novedades de vida y de propósito.

Y así, la próxima vez que el Arenero no quiera venir a verte, ensaya este plan de perdonar a todo el mundo y verás si un más suave sentimiento de paz no viene a ti, más de lo que nunca hayas experimentado antes. Un soldado muy joven, lleno de cansancio y de fatiga, ensayó esto en una noche oscura, cuando los enemigos estaban muy cerca, y hacía lo mejor que le era posible para mantenerse despierto, pero cuando anduvo con ellos a través de pastos delicados y al lado de aguas de reposo, y cuando “ungió sus cabezas con el aceite del perdón,” el ruido, y la ansiedad y el temor, todos se desvanecieron para desaparecer y él pasó sobre el arrecife de la gloria.

MI COPA ESTÁ REBOSANTE

“…UNGES mi cabeza con aceite, mi copa está rebosando,” cantó el salmista. La copa de nuestro deseo se puede llenar con gozo—no solamente llena, sino llena hasta que rebose. La copa de nuestro deseo es una disposición total para permitir a Dios que entre en nuestra vida y que tenga una influencia completa. “El Señor está en su santo templo, que la tierra se regocije y se alegre.” Y luego leemos que el templo es el cuerpo. Ahora el Señor está en medio de nosotros. Él está en nuestro mismo medio y llena la copa de nuestros deseos hasta el límite y se desborda.

Así como el manantial de la montaña corre colina abajo, y crece con sus afluentes, hasta llenar por entero la hoya del valle, de la misma manera Dios satura nuestros corazones con el gozo espontáneo de la vida que, cuando lo dejamos correr bendice y sana a todos aquellos que entran en contacto con él. Es algo completamente impersonal, dejas que tu copa esté tan llena de gozo, sin que te preocupes dónde se vaya a rebosar. Todo en el universo florece en el gozo. Incluso tu perro sabe cuando el gozo se rebosa, pues le llamas con prisa, con un chasquido de tus dedos y te responde con el mismo gozo. Tu mejor amigo contesta de modo inmediato a tu gozo, te golpea en la espalda o pasa su brazo sobre tu hombro, está feliz de verte, de participar así sea un tanto en tu alegría. El niño en la calle te saluda con la sonrisa que te da. El hombre en la calle siente que tu regocijo le sirve. Deja que tu gozo sea espontáneo, déjalo fluir, deja que explote en medio de un desierto de sombras y observa el efecto sedante y emoliente que derramas y produces sobre la multitud.

Tienes una razón poderosa para ser feliz. Es la razón de la fe que está dentro de ti. Las mareas del amor se te abrieron, fluyen constantemente hacia ti, y eres un canal abierto y libre para dejarlo pasar. Entonces, relájate, deja que se vaya la vida formal, tiesa y rígida, donde siempre estás bajo una máscara, temeroso de la opinión pública, temeroso de que algo suceda si dejas que tú mismo seas natural. Con certeza algo pasará y ese algo consiste en que te encontrarás como una criatura nueva en Cristo Jesús. En ti estará una mente nueva, un nombre nuevo se escribirá sobre tu frente y te llamarán bendito.

El odio no puede estar frente al poder del gozo; un hombre gozoso puede sacar lo mejor de todo y vencer en cada vuelta del camino; la ira es puesta al lado por el gozo; el pecado explota y se seca en presencia de esta sustancia santa, pues no encuentra placer en los sentidos sino en el bien obrar, en el pensamiento limpio y en la pureza. La motivación de su vigor es hacer el bien, se glorifica en el hecho de reflejar el “Verbo” que en realidad es “El Verbo hecho carne.” Sigue en la hechura de su obra con un cántico que es un salmo soberano de alabanza que se siente mucho más de lo que se puede oir.

Entonces, en la mañana, cuando te vuelves con los últimos abrir y cerrar de ojos, tan sólo habla un poquito con tu “amigo” ego y decide comenzar el día con gozo. Mira, si no puedes obtener el completo sentir de ese desbordamiento en tu corazón, déjale que se derrame un poco en ti, ese enorme sentido de saber que “soy uno con Dios.” Soy uno con la misma fuente de gozo. Puedo ir a mi trabajo con un cántico verdadero en mis labios y en mi corazón. Inundaré dondequiera que vaya con luz y gozo, así como el sol inunda la tierra. “En silencio, calladamente contigo, cuando la mañana púrpura irrumpe,” siempre con Dios. No importa donde te acuestes, porque conviertes el infierno en cielo, pues bien sabes “...si en el Seol hiciere mi estrado, allí tú estás,” y donde Dios está se halla el cielo.

Él ha ungido tu cabeza con aceite, tu copa está rebosando con gozo, eres gozo. Entonces, vé y dalo a un mundo que muere de hambre; llena todos los vasos con la bendita sustancia.

EL OTRO COMPAÑERO

“NO PUEDO ayudar,” dijo el joven estudiante con una onda amarga de autocompasión, “en tanto que quiero hacer lo bueno, el otro compañero siempre quiere hacer lo malo. Mientras no trataría injustamente con nadie, a sabiendas, el otro compañero parece tener un ardiente orgullo en ‘hacerlo’ con toda suerte de injusticias.”

¿Alguna vez has tenido esta experiencia? ¿Siempre pareces estar en los zapatos de este tipo: que mientras amabas, creíste que el otro aborrecía? Que, aunque vivieras con el más alto concepto de la Verdad, manifestabas toda clase de desórdenes y debilidades, ¿mas el otro compañero iba alegremente por todas partes con una salud perfecta? Y mientras estudiabas y orabas para ser cada día más como Cristo, creías que el otro compañero no hacía sino recibir todos los beneficios, ¿que le llegaban las cosas que querías y necesitabas?

Claro que sí, y además has creído que mientras eras más o menos recto y bueno, (es decir, como mínimo deseabas serlo) tu camino estaba sembrado de espinas, pero el otro compañero atravesaba por un sendero de rosas y ‘vivía sin problemas’ y abundaba en toda clase de placeres mundanos.

Y luego, te has preguntado una y otra vez por qué. Y precisamente allí, una enorme cuña de desesperación encontró su camino en tu mente y te hizo triste, deprimido e infeliz.

Suponte que dos hombres comenzaron a construir sus casas una al lado de la otra, y uno de los hombres martillaba un clavo y luego, con toda prisa, miraba para ver lo que el otro hacía, y como vio que el otro hizo un movimiento que “consideró falso,” por último resultó que su mirada estaba de manera constante en el otro sin que cuidara de su propia construcción, sin mirar dónde ponía sus clavos. En verdad, después de un tiempo, podía clavar una puntilla, razonablemente bien, sin mirarla, pero una buena cantidad de errores se deslizaban en la edificación mientras observaba al otro hacer lo que calificó como “algunos errores.” Al caer la noche no sólo estaba físicamente fatigado, sino también mentalmente deshecho, porque había pasado el día asumiendo uno de los más importantes deberes, pero que al mismo tiempo es uno de los más prohibidos—el de juzgar. Dios, con todo su inmenso amor, te ha suspendido este desagradable deber: No tienes que juzgar nada de nadie, pues Él tiene cuidado de esto y recompensa de acuerdo con su misericordia. “No se debe juzgar según las apariencias.” Con suma frecuencia parece que algo ha sido destruido, cuando sólo se le convierte en algo mucho más maravilloso y mejor. Si se rompe la diminuta cáscara azul del huevo del petirrojo, no invoca un desastre como se podría pensar de las apariencias; no, es una prueba de un progreso mayor. Lo mismo acontece con el hombre; a menudo lo que tiene lugar en él, el desarrollo que sigue, es una ruptura, una reconstrucción que nos parece el más burdo y grosero de los errores.

Ocúpate en realidad de mirar hacia dentro, porque allí encontrarás el Reino de los cielos, y olvídate del otro en lo referente a crítica; sácalo por completo de tu mente, y gasta tu tiempo en conseguir el mantel (servidumbre mortal) de tu propio talento, de manera que pueda venir a la luz y crecer.

Escucha: “Serás como árbol plantado junto a corrientes de aguas,” un grande y majestuoso árbol que bebe del borde del agua y que se estira hacia el firmamento. Fuera de la vista, el hongo puede saltar en eminencia en un solo día, mientras eres todavía un brote que lucha. Tu desarrollo puede ser muy lento y hasta fatigante a veces, pero cuando tiene lugar un corto espacio de mente mortal (carnal), cuando desciende un poco de lluvia, el hongo pierde su sitio y cae en tierra pero a ti te ayudan esas tormentas. Te fortalecen y te hacen adherirte más estrechamente al principio verdadero de la vida. Después de un cierto tiempo, en tu desarrollo, te sientas en algún espacio soleado, miras atrás y sólo recuerdas levemente el pequeño hongo que te fastidiaba tanto. Hace rato pasó al olvido, hace mucho que cayó en el polvo, y puedes sonreír en tu interior, pues nunca te molestaste en “preguntar por qué” y ser desalentado pues parecía que lograba todos los beneficios mientras tú hacías todo el trabajo.

Ojalá tomes para ti esta frase: “No juzgues por las apariencias.” Deja que el otro se desarrolle a través de cualesquiera líneas que parezcan ser las mejores para él. Preocúpate sólo de ayudarle cuando puedas. Permítele que despliegue el camino particular que le sea mejor, pues “Aquel que guarda a Israel ni se fatiga ni duerme” y es el único Juez verdadero.

UN REINO DIVIDIDO

AQUEL pequeño reino que llamas de tu exclusiva propiedad—míralo, examínalo. ¿Está dividido? ¿Eres de una sola mente y esa sola mente estaba también en Cristo Jesús?

¿Crees que algunas personas te aman, mientras otras te aborrecen? Si lo haces, entonces tu reino está dividido. “El amor y el odio no se pueden juntar.” No hay ninguna base en común para que se reúnan y no pueden morar en el mismo reino, sin causar contienda, malestar, problemas, y, al final, una división en el reino. Si le das a ese hombre un motivo para que te odie, ¿está bien que digas para ti mismo: “Nada hay como el amor”? Tu reino está dividido y debe caer. Quizá no vaya a caer por completo, pero estará en contiendas. Los enemigos no tienen el propósito de retardar tu desarrollo; su objetivo es ayudarte para que te puedas acercar cada vez más y más a este gran absorbente Amor que todo lo cura, incluso el así llamado odio.

¿Crees que la materia es el creador original, que el pecado original que es el mismo cimiento de la mentira que la vida está en la materia y, por tanto, que la creación es materia, es posible? Si lo haces, tu reino está dividido y entonces, ¿qué hay de bueno, o de qué te sirve declarar la nulidad de la materia? ¿Crees que el Amor es al mismo tiempo espiritual y sensual, y te dices: “Sufre para que así sea ahora”? Si lo haces, tu reino está dividido y caerá. Te será de muy poco provecho o mérito decir que no hay pecado, que no hay poder, mientras seas indulgente con los sentidos. El reino dividido contará su propia historia cuando no sea sino como una pequeña cantidad de polvo sobre la tierra.

¿Crees en la enfermedad hasta el punto de considerar ciertas cosas más difíciles que otras—que hay los llamados “casos rebeldes” que no ceden de una vez? ¿Crees esto y también tratas de creer que Dios es Salud, que siempre está presente en todas partes y que es todopoderoso? Entonces, el poder dividido finalmente ha de hender y separar uno de tus argumentos y en tu más deplorable y horrorosa necesidad, ¿quién te dirá que no sea la creencia en los casos rebeldes?

¿Crees que tienes que sondear en profundidad las mentes de los vagabundos y descubrir todos sus pequeños secretos personales para pronunciar y definir algo que sea la causa de sus problemas? Eso no es amor sino curiosidad morbosa que se oculta tras el venero de la Verdad que demoras a tu paciente. Pronto el reino dividido ya no será más una bodega de la Palabra de Dios, sino un depósito, un almacén de los pequeños secretos personales acerca de esto o de aquello.

Tu reino es el siempre presente AHORA que fluye con leche y miel, un sitio de luz y gozo. Es el redil de puertas abiertas donde todos pueden entrar y salir con la certeza perfecta que allí han de encontrar aguas de sanidad y verdes pastos para descansar y nutrirse vigorosamente. Pon los muros de tu reino en línea, edifica sus cuatro paredes verdaderas según la plomada del patrón que fija el Libro. Puedes hacer esto, comienza hoy con una posición firme ante Dios. Edifica a diario con palabras de amor y de luz. Llena el pozo de tu corazón con amor y déjalo que fluya de modo que el sediento pueda beber gratis. Por todo error que hayas dicho, que hayas repetido, inicia en cambio una palabra de verdad. Cada vez que quieras pronunciar una palabra áspera, detente un momento y encuentra uno de los soldados que luchan en el lado del bien y hazlo salir. Las buenas palabras son los soldados que combaten al lado del justo, mientras las malas palabras son soldados de las tinieblas. Cuando sacas todo un batallón de esos soldados malignos y perversos a fin de dejarlos sueltos en tu intento de dibujar a tu hermano, pones todo tu peso en la balanza del mal. Las palabras expresan los pensamientos y, por tanto, muchas malas palabras representan muchos malos pensamientos y viceversa.

Si por un solo día no usas sino buenos soldados, sin permitir siquiera que se muestre un solo soldado malo, encontrarás al mediodía del primer día que habrás tenido una victoria que jamás pensaste. Mantente solamente con el empleo de los soldados buenos, con palabras buenas, con su corolario de obras buenas y los resultados serán la regla y no la excepción en tu vida, y te vendrán grandes descubrimientos, con el gran sentir de un reino que es completo y sano—un reino que no está dividido y que permanecerá.

QUE HAYA LUZ

El tren de la tropa iba con una marcha lenta y molesta, para detenerse a intervalos y hacer largas y fatigantes esperas. Por fin vino la noche y la oscuridad se extendió como sábana negra y pesada. Hubo un período de silencio. En el extremo más alejado del vagón un soldado encontró un cabo de vela en su morral y lo encendió. “Oh, luz,” fue el murmullo que se extendió entre los soldados, y luego hubo una confusión excesiva para acercarse. Algunos para leer, otros para tomar asiento y otros para poder verla—pero había algo seguro—todos la buscaban. La luz “atrajo a todos los hombres hacia ella.”

Y así es con el mundo que espera. Todos tienen hambre de luz. Han vivido en la oscuridad, en la húmeda cueva del razonamiento mortal por largo tiempo y anhelan la luz solar de la verdad. Las tinieblas y la ignorancia van de la mano, y con ellas el pecado y la muerte, pues son de la misma tela. En los oscuros claustros de una antigua catedral encontrarás al fiel que ora una plegaria de ignorancia—una petición de ruego y de súplica en lugar de “realización.” “Todo es tuyo,” “todo lo que tiene el Padre es tuyo.” Debes salir a la luz del entendimiento y reconocer lo que te pertenece y estremecerte con el gozo de la gratitud.

No es de extrañar que Dios haya dicho “Que haya luz.” Cuando dijo “Que,” no quiso decir que deberíamos estar de rodillas durante horas implorando la luz. “Que” en este sentido significa “permite o deja.” Luego dijo: “Que tu luz brille delante de los hombres.” Tienes una luz que es toda tuya, individualmente tuya, es tu individualidad—y esta luz es la Luz del Amor que se filtra a través de tu mente para que la reflejes y permitas que quede libre a través del canal que Dios ha provisto. ¿Sabías que eres un “Guardián de la Luz”? Un “Guardián” no en el sentido de acaparar la luz, pues tal cosa sería imposible—sino de portero como el “guardián de la luz” en la torre de un faro. Debes tener tu percepción mental abierta y libre de las tinieblas mundanas a fin de conservar los lentes de tu inteligencia pulidos y brillantes para dar esta luz de manera tan abundante “Que todos los hombres sean atraídos hacia ti.” También atraerás hacia ti todo éxito y toda felicidad. Pues el mundo entenebrecido busca un rayo de luz y te encontrará sin importar dónde estés o cuán lejos parezcas estar retirado del resto del mundo. “Ustedes son la luz del mundo” la luz que se halla dentro de la torre sobre una colina no puede quedar oculta, ni tampoco tu luz puede ser oscurecida.

¿Sabías que con esa simple pero majestuosa orden: “Que haya luz,” tienes el “sésamo ábrete” de todos los problemas materiales? ¿Sabías que todas las puertas se abren ante ella, y ninguna complicación de hechos o razonamientos mortales pueden soportar su inmensa potencia? Cuando el amanecer se inicia qué maravillosa plegaria para decir en tu corazón de corazones: “Que haya luz” para guiarme a través de este día. Qué portentoso día de luz será el tuyo, vendrá como una inundación y un manantial en y sobre ti, a medida que vas por el camino, hasta cuando los hombres te reconozcan como el “Guardián de la Luz” y vengan a ti para buscar la luz en sus problemas. “Que haya luz” puede ser simplemente algo como la oración que necesitas para quebrar el hielo del materialismo y liberar el río prisionero de tu actividad.

Si tu mente está llena de luz, entonces ninguna oscuridad puede entrar allí—nada de ignorancia, ni pecado ni muerte—porque la Luz y la Vida son una y eterna. Que los resplandores blancos y suaves de la luz de la Verdad te acompañen, que sean una parte de tu habla y una parte de tu vida—que te envuelvan como un manto “blanco y resplandeciente.” Jesús hizo esto y quienes vinieron dentro de su alcance fueron sanados por la luz.

La luz que brilla sobre las tinieblas de la tierra saca de ella el secreto de las flores—saca de los muertos la densa mentalidad de las flores de la esperanza, los frutos del empleo, del uso, y los árboles de poder. Así, pues, a veces vuelve tu luz hacia adentro y que ilumine los corredores oscuros de tu pensamiento. Enciende un faro en tus cámaras oscurecidas, llénalas con alabanza—vístete con el ropaje de la luz. “Levántate y resplandece porque tu luz ha venido y la gloria del Señor se ha levantado sobre ti.” “Que tu luz brille delante de los hombres.” Solamente digo: “Que.” “Mantente firme” y deja. “Ustedes son la luz del mundo—una luz puesta sobre una colina, no se puede esconder.”

Traducción por Pablo Barreto, M.D., AA 8025, Cali, Colombia.